| 17 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez y Robles, en enero de 2021
Sánchez y Robles, en enero de 2021

Pedro Sánchez le debe muchas explicaciones a España por el supuesto espionaje

Aunque de entrada el Gobierno merece el apoyo, no se le puede firmar un cheque en blanco si antes no despeja las múltiples dudas y sospechas que pesan sobre el caso.

| ESdiario Editorial

El presunto espionaje a Pedro Sánchez y, al menos, a Margarita Robles; sería un hecho de la relevancia y gravedad suficientes como para brindar todo el respaldo al Gobierno: la amenaza, viniera de quien viniera, sería a España, por razones inconfesables y dañinas, y no a un dirigente particular de un partido concreto.

Ése debe ser el marco general del debate, que ni mucho menos se agota con esa premisa elemental. Porque a partir de ahí, todo son incógnitas inaceptables que el Gobierno no puede mantener en el limbo sin perder el apoyo que técnicamente merece.

 

Para empezar, una pregunta básica. ¿Cómo es posible que no se enterara de los hechos hasta casi un año después de producirse las invasiones con Pegasus en los teléfonos de Sánchez y de Robles, hasta dos veces en el caso del jefe del Ejecutivo? Y si lo supo desde el primer momento, ¿por qué ha tardado ese tiempo en desvelarlo y ha elegido este momento?

La segunda pregunta parece tener una respuesta sencilla que contextualiza el "ataque externo" y enfría la solidaridad requerida: parece evidente que, con este episodio, pretender calmar a su socio ERC, objeto a su vez de un supuesto caso de espionaje que amenaza la estabilidad del ya debilitado Gobierno de España.

Respuestas, presidente

La idea es vender la especie de que también han espiado a Sánchez, como si eso le equiparara con el separatismo y convirtiera a ambos en víctimas similares de un enemigo ajeno sin identificar. Aunque para lograr eso haya que arrastrar la imagen internacional de España, presentándola como una potencia incapaz de custodiar la seguridad de su propio presidente.

No se puede, en fin, pretender que se apoye a Sánchez a ciegas sin que Sánchez, antes, explique todos y cada uno de los detalles de este chusco asunto, aclare en tiempo y formas la naturaleza exacta del espionaje y los protocolos seguidos desde entonces: porque incluso en el caso de que todo fuese cierto, la sospecha de utilización política del asunto es tan elevada como previsible en un personaje acostumbrado a saltarse todas las líneas rojas.