| 21 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Henri Parot, a la izquierda
Henri Parot, a la izquierda

El Gobierno no puede permitir un homenaje público al sanguinario etarra Parot

Pedro Sánchez tiene la innegociable obligación de prohibir una humillación sin precedentes a las víctimas y a España con la exaltación de uno de los peores asesinos de ETA.

| ESdiario Editorial

 

Es harto discutible que la Audiencia Nacional no pueda prohibir la marcha de exaltación de Henri Parot que la maquinaria abertzale, siempre preparada para lo peor, ha convocado para este sábado. Alega el juez que no puede actuar preventivamente y que, como los convocantes aseguran que se limitarán a apostar por la paz y la reconciliación, no hay argumentos legales para censurarles.

De ser cierto eso, bastaría con fabricar cualquier coartada retórica para organizar homenajes a los peores delitos y los peores delincuentes: si la Audiencia Nacional hubiera querido, pues, le hubiese bastado con recordar la naturaleza del homenajeado, la catadura de los convocantes y la realidad de sus homenajes a sinvergüenzas parecidos para llegar a la conclusión de que, apelen lo que apelen, al final siempre acaban denigrando a las víctimas.

 

¿No le valen al juez las imágenes de etarras regresados a sus pueblos entre vítores, banderas, bailes y aplausos para anticiparse al abuso y frenarlo? ¿De verdad puede alguien creerse, salvo que lo haga adrede, que recorrer 31 kilómetros de caminata en recuerdo de un asesino condenado a 4.000 años de cárcel puede hacerse en nombre de la "reconciliación"?

Si Sánchez da la orden, no habrá homenaje al etarra Parot. Y si no la da, quedará retratado definitivamente junto a Otegi

Las restricciones, cierres y confinamientos preventivos avalados durante la pandemia demuestran que la Justicia sí puede actuar ante un riesgo cierto cuando quiere. Y su tolerancia con este abuso evidencia una doble vara de medir cercana a lo escandaloso.

La última palabra es de Sánchez

Pese a ello, el Tribunal le recuerda al Gobierno que tiene a su disposición una normativa para prohibir la fiesta abertzale si lo estima oportuno, en la línea que reiteradamente ha recordado la propia Unión Europea, muy clara en su exigencia de proteger a las víctimas.

Es decir, Pedro Sánchez puede evitar esta agresión moral a la memoria de las víctimas de un asesino con 39 cadáveres a sus espaldas, atentados tan brutales como el de la casa cuartel de Zaragoza y 4.000 años de cárcel según las condenas firmes vigentes en su contra. Si el presidente no ejerce sus competencias, quedará tan retratado como los convocantes. Sin excusas ni equidistancias: o se está contra ellos, o con ellos.