| 28 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Carolina Darias
Carolina Darias

Sanidad vuelve a confundir a todo el mundo con el fin de las mascarillas

El fin del uso obligatorio de las mascarillas no puede ser otra ceremonia de confusión del Gobierno para rematar su negligente gestión general de la pandemia.

| ESdiario Editorial

El Gobierno aprobará el martes el Real Decreto que pondrá fin al uso obligatorio de las mascarillas en interiores a partir del miércoles, lo que de algún modo pone fin “oficioso” a la pandemia entre dudas sobre si es una medida adecuada.

Una vez más, el Ministerio de Sanidad se muestra confuso en una materia donde debería dejar claras sus decisiones y las razones que las justifican: no es de recibo conocer el contenido del decreto en una entrevista de Carolina Darias en El País en la que, además, tampoco deja clara una postura final.

 

De momento, parece que las mascarillas desaparecerán de todos los lugares cerrados a excepción del transporte público, lo cual deja abiertos varios interrogantes: ¿Y por qué no en las grandes superficies comerciales? ¿Y en los pabellones deportivos techados? ¿Y en los cines, teatros o conciertos que no sean al aire libre? ¿Y cómo decidirán las empresas sin poner en riesgo a nadie, cada una a su libre albedrío? ¿Por qué, en definitiva, no va a ser necesaria la mascarilla en lugares cerrados con grandes concentraciones de personas?

Sanidad haría bien en perfilar su decreto y explicarlo con argumentos que se entiendan: ya en el pasado se ha equivocado profundamente, negando la necesidad de usarlas al principio; imponiéndola después hasta en las playas y finalmente despistando a la ciudadanía, que ha aprendido a protegerse más allá de las indicaciones sanitarias.

Sin margen de error

Tampoco es de recibo que la ministra Darias sugiera la posibilidad de implantar una cuarta dosis de refuerzo de la vacuna: con los precedentes habidos, no hay margen a la prueba y el ensayo. Lo procedente es anunciarlo en firme o dejarlo estar hasta que se esté seguro de la mejor decisión.

Ya ha metido la pata lo suficiente el Gobierno durante la pandemia, con episodios de negligencia inaceptables, como para no haber aprendido un poco de sus escandalosos errores. Si tampoco acierta ahora, que no pida comprensión luego ante las previsibles consecuencias.