| 28 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez y Feijóo
Sánchez y Feijóo

No se puede utilizar el Consejo de Ministros contra Feijóo

Sánchez vuelve a servirse de recursos institucionales para atacar a un rival con falacias sobre el peligro de la ultraderecha que esgrime para tapar su fracaso.

| ESdiario Editorial

 

Pedro Sánchez se ha servido del Consejo de Ministros para atacar al jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, movilizando a su portavoz, Isabel Rodríguez, para desplegar toda su artillería demagógica desde una sede institucional.

Que el PSOE se empeñe en deslegitimar las alianzas entre el PP y VOX, alentando el manido fantasma de la “ultraderecha”, es desolador y cansino: la ciudadanía está harta de ver a gobernantes que, en lugar de atender sus problemas objetivos, fabulan con otros imaginarios para distraer la atención y con frecuencia tapar su ineficacia.

Pero que además lo haga desde un lugar al margen de la trinchera política, es escandaloso. Y confirma la inaceptable tendencia de Sánchez a utilizar recursos públicos en beneficio propio, sea personal con el Falcon o las Marismillas, o lo sea político, como es el caso.

 

Nadie ha pisoteado tanto la liturgia institucional y constitucional como Pedro Sánchez, en poco más de tres años. Y nadie ha desoído con tanta contumacia al resto de pilares del Estado de Derecho, sean la justicia o el Parlamento.

Y nadie, a continuación, se ha arrogado a la vez una especie de superioridad moral que le permite recubrir de impunidad sus excesos mientras extiende fatwas sobre los inexistentes abusos de sus rivales.

Lo único que Sánchez le ofrece a la ciudadanía para tapar sus fracasos es el pánico ante un inexistente fascismo

Porque hay que decir, las veces que sea necesario, que los acuerdos entre PP y VOX no son solo legales, sino también legítimos y deudores de la esperanza que millones de españoles tienen puesta en la consolidación de una alternativa a un Gobierno intervenido por el populismo de Podemos y el separatismo de ERC y Bildu., todos ellos mucho más merecedores de un “cordón sanitario” que la formación de Santiago Abascal.

La poca altura de Sánchez

Todo ello le consta al Gobierno, cuya preocupación por la “ultraderecha” es meramente retórica: si le inquietara de verdad, ofrecería acuerdos al PP para salvar a ambos de los supuestos extremismos. O activaría la Ley de Partidos para tratar de ilegalizar a VOX, como en ocasiones ha sugerido con inmenso desprecio por la Constitución, en la que sin duda encajan estas siglas.

Lo triste de todo es constatar, una vez más, la poca altura política de Sánchez, incapaz de crecerse siquiera en un contexto tan complejo como el actual. Pero si lo único que pude ofrecerle a la ciudadanía para compensar su desastroso balance es un pánico ficticio al fascismo, las urnas, antes o después, le pondrán en el sitio que se merece. Que es muy abajo.