21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, en Moncloa
Pedro Sánchez, en Moncloa

Hartos de Sánchez, pero hay que apoyar al presidente de España en la crisis

Hasta que no remita la emergencia, debe respaldarse al presidente por el interés de España. Pero después debe enjuiciarse su enésimo ejemplo de negligencia.

| ESdiario Editorial

 

La llegada masiva de entre 8.000 y 10.000 inmigrantes marroquíes a Ceuta, impulsada por Rabat, no es una crisis migratoria, como pretende vender el Gobierno de manera artera, sino un ataque en toda regla a la soberanía nacional española desde Marruecos, que utiliza a sus propios ciudadanos como escudos humanos, aun a riesgo de sus propias vidas.

La respuesta, por ello, debe combinar herramientas humanitarias y políticas: ni se puede permitir el asalto masivo de las fronteras ni se puede olvidar, tampoco, que hablamos de seres humanos, muchos de ellos niños ateridos por la temperatura del agua a la que fueron arrojados por un Rey, Mohamed VI, despiadado.

 

El Gobierno se ha comprometido a reponer el orden, preservar la integridad de Ceuta y proteger a los ceutís, encerrados en sus casas por un asalto masivo injustificable que no debe ser tolerado ni puede repetirse, tal y como sugiere el contexto: no es descartable que este episodio sea el ensayo de algo mayor. Y la mera posibilidad de que esto sea así es suficiente para activar todos los mecanismos de defensa.

La crisis diplomática obedece oficialmente al enfado de Marruecos con España por albergar en un hospital español al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, recibido bajo identidad falsa y sin aviso previo a Rabat. Y al apoyo del entonces vicepresidente, Pablo Iglesias, a un referéndum en el Sáhara.

No es una crisis migratoria, sino una invasión de la soberanía española que no puede ser tolerada

Rabat ya cursó sendas protestas públicas en abril y mayo, sin reacción alguna del Gobierno español. Nada disculpa a Mohamed VI de la invasión de Ceuta, pero la diplomacia española ha hecho una gestión desastrosa de las relaciones con un país estratégico.

Ajuste de cuentas pendiente

Más allá de la excusa oficial, hay otra razón de fondo: Marruecos quiere convertir el apoyo de Estados Unidos a sus aspiraciones en el Sáhara en una manera para hacerse con el control definitivo de la antigua provincia española. Y sus viejas ensoñaciones de “recuperar” Ceuta y Melilla, que nunca fueron marroquíes, siempre están presentes al fondo.

Ante esta emergencia, toca ponerse de lado del presidente, por mucho que éste sea Pedro Sánchez y haya dado el enésimo ejemplo de su proverbial mezcla de incompetencia y temeridad: tiempo habrá de ajustar cuentas con su negligente diplomacia internacional. Pero primero que solvente la crisis, con la inteligencia y el rigor que requieren los hechos.