| 03 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Casado
Pablo Casado

El Congreso del PP es para proclamar a Feijóo, no para despedir a Casado

El todavía presidente del PP debe dejar paso hoy mismo sin dilación y permitir que su partido se rehabilite sin su innecesaria y dañina presencia: solo así tendrá una salida honrosa.

| ESdiario Editorial

 

El actual presidente popular, Pablo Casado, ha dejado de ser útil para su partido y, por tanto, para España. Su última tarea ha de ser facilitar la llegada de Feijóo y no debilitar más aún la posición del PP como muro de contención y alternativa al Gobierno de Sánchez.

En ese sentido, lo único que parece seguro ahora mismo en el PP es que la etapa de Casado ha terminado. Falta por conocerse cuándo, a qué precio para el partido y, especialmente, a qué coste para España. El ya pagado, con un enfrentamiento inaceptable en formato de cacería contra Isabel Díaz Ayuso, es inmenso.

Porque lo más trágico es eso último: un partido político es una herramienta para su país o no es nada. Y ahora mismo, siquiera de manera muy temporal, el PP no lo es. Importan menos las razones, e incluso las culpas, que las consecuencias: dejar de ser un muro de contención y una alternativa al Gobierno más pernicioso de la democracia. Que si actúa por lo general con desprecio al Estado de Derecho y con sensación de impunidad, ahora lo hará aún más ante la falta de réplica.

 

En ese escenario, agravado por una indignación de las bases populares hacia su dirección y la revuelta casi unánime de barones y cargos públicos que presagia un desdén similar de los electores, Casado no puede atrincherarse en el cargo provisionalmente, sirviéndose en exclusiva de poderes administrativos.

Si es Feijóo el elegido, Casado debe favorecerlo sin dilación y sumarse a la tarea de rehabilitación de la marca. Una responsabilidad que ya no le compete pero que puede enturbiar

Y mucho menos intentar sobrevivir a largo plazo maniobrando, desde el aparato, para ganar un Congreso ordinario o extraordinario que debe servir para abrir una nueva etapa desde la unidad y centrado en el adversario natural del PP. Que es el PSOE de Pedro Sánchez.

Esto al menos parece ya desechado, con la dimisión de Teodoro García Egea y el anuncio de un Congreso Extraordinario en breve, que debe venir precedido por la dimisión de Casado y la creación de una Gestora provisional que permitan dedicar el cónclave a lanzar al nuevo líder y no a liquidar al actual.

Casado ha tenido múltiples aciertos en su etapa al frente de un partido que levantó tras el traumático desalojo de Rajoy de La Moncloa, entre los cuales destaca sin duda una cierta reunificación del centroderecha con la absorción de facto de Ciudadanos; imposible tal vez si el PP se hubiera dedicado solo a competir con VOX en lugar de a atraer a los votantes del centro.

Dimitir hoy mismo

Y no es menor, tampoco, haber situado al partido en disposición de ganarle a Sánchez y de gobernar después, mediante acuerdos con VOX que ahora negaba por razones probablemente tácticas pero que serán necesarios, y desde luego legítimos, en el futuro inmediato.

Pero nada de eso compensa la evidencia de que ha dejado de ser útil para el objetivo del PP y, por tanto, para las necesidades de España. Negarse a aceptar lo obvio equivale a prolongar un pulso interno feroz que transforma en enemigos a sus propios compañeros, incluso a los más leales, y dificulte una transición que debe ser urgente, clara y unánime.

Si es Feijóo el elegido, Casado debe favorecerlo sin dilación y sumarse a la tarea de rehabilitación de la marca apartándose hoy mismo de la presidencia. La responsabilidad de rehabilitar al PP ya no le compete pero puede enturbiarla, estropeando lo positivo de su propio legado a cambio de nada.