| 30 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Investigación Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Sostenibilidad ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía Suscribirse

Ciudadanos se ha convertido en un penoso lastre

La formación naranja fue una ilusionante alternativa política para inyectar savia nueva a nuestra democracia y hoy, en el plena descomposición, es un estorbo para acabar con el sanchismo.

| ESdiario Editorial

 

La irrupción de Ciudadanos en el panorama político nacional, tras batirse el cobre con valentía y principios sólidos frente al separatismo en Cataluña, supuso una inyección de aire fresco como alternativa constitucional frente los chantajes de los nacionalismos periféricos a los Gobiernos de turno.

Pero aquel partido aguerrido, cargado de buenas razones y mejores ideales, fue sucumbiendo a una absurda ambición que ha derivado en una dolorosa autodestrucción de la que están escribiendo el capítulo de despedida Inés Arrimadas y Edmundo Bal con su bochornosa bronca.

Arrimadas tiene una responsabilidad directa en esa deriva devastadora. Su huida a Madrid tras ganar las elecciones catalanas, sin intentar una investidura que testimonialmente al menos hubiera dejado en evidencia el totalitarismo independentista, fue el primer golpe duro a la credibilidad de Ciudadanos.

Aquel partido aguerrido, cargado de buenas razones y mejores ideales, fue sucumbiendo a una absurda ambición que ha derivado en una dolorosa autodestrucción

Los siguientes golpes se los propinó Albert Rivera, primero auxiliando a Pedro Sánchez, después echando el resto para superar al PP y por último dando la espantada tras dejar a su partido con diez diputados. Desde entonces, la formación naranja ha entrado en descomposición, entre burdas reyertas internas, acciones vergonzosas como los acercamientos a los socialistas en Murcia o la Comunidad de  Madrid o el apoyo incomprensible al Gobierno de Sánchez en los estados de alarma o la ley de Irene Montero.

El último servicio

Con la perspectiva suficiente se podrá hacer un examen más justo al recorrido de un partido promovido por algunas de las personalidades más lúcidas, preparadas y decentes de nuestro país, que acabará destruido en una pugna ridícula de egos absurdos. Pero a corto plazo, lo único que cabe desearle a Ciudadanos es su pronta liquidación.

 

Más que por respeto a aquel proyecto liberal que entusiasmó a cientos de miles de españoles, porque los pocos votos que pueda recabar en el próximo ciclo electoral solo servirán para perpetuar aún más el infame fenómeno del sanchismo. E impedirlo con la autoeliminación sería el último gran servicio de Ciudadanos al orden constitucional. Puede incluso que el mejor, pues en estos momentos no es más que un penoso lastre.