| 02 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, el pasado 12O
Pedro Sánchez, el pasado 12O

El bochorno infinito de un presidente que negocia con su propio Gobierno

La perplejidad que provoca la guerra entre dos socios de Gobierno es la prueba definitiva de la degradación de un presidente hipotecado desde 2018 al que no le sale nada gratis.

| ESdiario Editorial

 

PSOE y Podemos escenifican en público una guerra abierta que, unida a la dependencia del Gobierno de los aliados nacionalistas, define la situación real de Pedro Sánchez: es un presidente intervenido por dos frentes distintos que no disimulan nada el precio de su apoyo ni tienen empacho en poner en riesgo la estabilidad del Gobierno si no logran sus objetivos.

La inhabilitación del diputado Alberto Rodríguez, condenado por agredir a un policía; y la reforma laboral, cuya anulación reiteró el sábado la vicepresidenta segunda de Podemos, Yolanda Díaz, y provocó una sonrojante reunión fallida entre socios de un mismo Gobierno; son las dos últimas causas de la nueva algarada, más propia de un momento preelectoral que del ecuador de una legislatura.

Y reflejan la desesperación de Pedro Sánchez, voluntaria por haber elegido estos socios, y su imposible intento de cuadrar siempre el círculo: de un lado quiere cumplir con Europa, partidaria de mantener lo sustantivo de la reforma laboral y de aumentar la flexibilidad del empleo. Pero de otro depende de Podemos, con su visión anticuada, sindicaliza e intervencionista del empleo y la empresa.

Le sucede a Sánchez con Podemos lo mismo que con los independentistas, a quienes intenta calmar con concesiones económicas y simbólicas (más competencias, más financiación, más bilateralidad o menos español en las aulas) mientras repite, en el resto de España, que nadie defiende la Constitución más que el PSOE.

Es posible que la Unión pierda la confianza definitivamente en la solvencia de Sánchez, más pendiente de pagar sus facturas personales y de promocionarse que de gestionar un país

A ese jaleo, impropio de un Gobierno solvente, se le añade el inequívoco deseo de Sánchez de competir con sus propios socios con fines electorales: el anuncio de la Ley de Vivienda, para este martes; la subida del SMI o las subvenciones para pagar la luz soliviantan a Podemos, al considerarlas banderas suyas.

Pero también reflejan la deriva hacia el populismo de Sánchez: sea por su dependencia o por convicción, al final siempre hace lo que quiere Podemos y se limita a intentar anunciarlo él para sacarle rédito político. Veremos si esta vez puede, dadas las exigencias de Bruselas, vinculantes en la transferencia de Fondos Europeos.

Deterioro ante Europa

En este viaje, además del deterioro de la confianza que despierta el Gobierno, ya muy minada, se confirman dos derivas inquietantes: de un lado, la degradación del Estado de Derecho por los insultantes ataques de Podemos al Poder Judicial y al Congreso por la inhabilitación de Rodríguez.

Y de otro, la falta de credibilidad ante Europa, pendiente de unas reformas que nunca llegan y están vinculadas a la liberación de los Fondos Europeos: si Nadia Calviño pierde de nuevo su pulso con Yolanda Díaz e Ione Belarra, es posible que la Unión pierda la confianza definitivamente en la seriedad y solvencia de Sánchez, más pendiente de pagar sus facturas personales y de promocionarse que de gestionar un país con el rigor más elemental.