25 de Febrero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Fernando Simón

Un Gobierno comentarista de la pandemia y apóstol de vacunas que no llegan

Ojalá sea cierto que en breve llegue la vacunación masiva, pero mientras el Gobierno no se puede dedicar a comentar el problema sanitario sin hacer nada útil al respecto.

| ESdiario Editorial

 

De un día para otro se ha desatado una especie de entusiasmo con la campaña de vacunación y, de no tener reservas, se ha pasado a señalar incluso grandes recintos públicos para inminentes vacunaciones en masa, un anhelo de la ciudadanía que ojalá acabe siendo verosímil a corto plazo.

 La previsible aprobación de la vacuna de Johnson & Johnson tiene la “culpa”. Se espera que Europa la apruebe el 8 de marzo (¿por qué esperan un mes si los ensayos ya están hechos?) y que se producción y distribución sea rápida y masiva por todo el continente, aunque se eficacia no alcance los parámetros de otras, según los estudios conocidos hasta ahora.

A España le corresponderían hasta 20 millones de unidades de una vacuna que se conserva en congeladores corrientes y es monodosis, lo que sin duda facilita su administración rápida y un tratamiento completo con una única acción.

La realidad, mientras, sigue siendo esta foto fija: en España solo hay inmunizadas 900.000 personas. Se han distribuido hasta el momento 2.9 millones de vacunas y se han distribuido 2.4 millones, lo que hace imposible garantizar incluso la segunda dosis rápida a quienes ya recibieron la primera.

El Gobierno no puede ejercer solo de comentarista del drama y de apóstol incierto de la vacunación

La cierta euforia está provocando un evidente caos de planes autonómicos que el Gobierno debe ordenar con urgencia: a él le corresponde fijar plazos, grupos preferentes y calendarios para evitar agravios y una sensación de “subasta autonómica” del antídoto que genere agravios por territorios, edades y receptores en función de decisiones que tal vez no sean las mejores.

 

En ese contexto, de confusión entre la realidad sanitaria vigente y las expectativas de inmunización anunciadas; ha comenzado la reducción de restricciones en Madrid, Castilla-La Mancha o Extremadura, en contraste con su mantenimiento hasta marzo en Valencia y con la desigual respuesta que cada país europeo da a situaciones parecidas.

Todo ello coronado con un  mensaje dramático de Fernando Simón, señalando a la hostelería sin dar datos y pintando de rojo toda España para mantener la alarma máxima. Sin que Sanidad haga nada al respecto y mantenga su insólita posición de testigo y comentarista del Apocalipsis. Todo ello refleja demasiadas contradicciones y demasiada confusión. Y alguien debe poner orden, con rapidez, para evitar que su caos se transforme en indiferencia social a todo.