| 02 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El Rey Felipe, en aquel discurso del 3-O
El Rey Felipe, en aquel discurso del 3-O

Del vibrante discurso del Rey a la lamentable sumisión de Sánchez

Hace cinco años hubo unidad política y una gran intervención de Felipe VI para frenar la asonada en Cataluña: hoy sus protagonistas son socios del Gobierno y han sido indultados.

| ESdiario Editorial

Hace cinco años Felipe VI, un 3 de octubre de 2017, protagonizó su intervención más recordada y sin duda más política: en la estela del discurso de su padre aquel 23F de 1981, saltó a la arena para frenar definitivamente el Golpe institucional desatado desde las instituciones catalanas y resumido en la proclamación de la independencia dos días antes.

El Jefe de Estado no hizo nada ni improvisado ni desde luego excesivo, pero sí inusual: en 40 años, no había sido necesario que el propio Rey tuviera que intervenir para garantizar la vigencia de la Constitución y dejar claro que la unidad de España no podía romperse, dos obviedades puestas en almoneda por un movimiento radical e identitario sin parangón en Europa.

 

Junto al Rey, la unidad de los dos grandes partidos, impulsores al unísono del 155 que acabó con el Govern insurgente de la Generalitat e hizo fugarse a Puigdemont; y la eficacia del Estado de Derecho, hicieron el resto: echaron un pulso infame y, como no podía ser de otra manera, lo perdieron.

Pero lo lamentable es ver cómo, después de los hechos, todo lo que les ha pasado a los inductores de la asonada ha sido en su favor por la misma razón y con el mismo protagonista: Pedro Sánchez y sus necesidades políticas, centradas en su llegada a La Moncloa y su supervivencia en ella.

Lamentable epílogo

Porque el epílogo de aquella marea institucional, política y legal en defensa del orden constitucional no ha sido el esperado, sino el antagónico: el independentismo ha sido indultado y sus objetivos blanqueados como nunca, hasta el punto de que son objeto de diálogo directo entre el PSOE y ERC, en mesas improcedentes al margen de los procedimientos parlamentarios.

Frente a quienes sostienen que esa política de concesiones y regalos son buenas para desinflar el globo separatista, queda la evidencia de que eso lo logró la democracia, que no necesitaba blanquear ni resucitar ni mucho menos asociarse con ese movimiento deplorable. Pero Sánchez sí, y eso arroja un tétrico epílogo a un aniversario oscurecido en consecuencia.