| 25 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El Rey Felipe y el Rey Juan Carlos, hace años
El Rey Felipe y el Rey Juan Carlos, hace años

Vuelve el Rey Juan Carlos, acierta con su actitud el Rey Felipe

La Casa Real ha gestionado con inteligencia el duro destierro del anterior Jefe de Estado, que debe poder volver a España cuando quiera y en las mejores condiciones.

| ESdiario Editorial

La Casa Real acaba de anunciar que el Rey Felipe y el Rey Juan Carlos mantendrán un encuentro personal cuando el segundo acuda de visita a España, algo que se espera de manera inminente y puede ocurrir este mismo fin de semana con motivo de las tradicionales regatas en Sanxenso, cita habitual para el Emérito durante años.

La confirmación oficial vino después de una llamada entre ambos que empieza a normalizar la relación institucional y personal, necesariamente enfriada mientras estaban abiertas las investigaciones judiciales contra Juan Carlos I, todas cerradas a su favor tras prolongarse durante cuatro años y alimentar una persecución política contra la propia Corona.

 

El propio don Juan Carlos zanjó toda controversia sobre sus intenciones en una reciente carta en la que anunció sus planes, muy razonables y respetuosos con la Casa Real: vendrá a España con frecuencia; no residirá en La Zarzuela; mantendrá un perfil bajo tras renunciar hace tiempo a cualquier función institucional y fijará su residencia formal en Abu Dabi.

Felipe VI, a su vez, da un paso claro en la normalización de la presencia de su padre en España, con la habilidad y la discreción que ha marcado su gestión de un espinoso asunto que ha desatado una feroz campaña política con el objetivo de dañar a la Corona.

Aunque no siempre se ha entendido, don Felipe ha hecho lo correcto, y don Juan Carlos ha ayudado: separar la Corona de los problemas legales para evitar que los adversarios de la institución aprovechen la circunstancia para acabar con ella.

La normalización

Don Juan Carlos ha pagado por ello un alto precio personal, al verse condenado sin estar siquiera imputado, con una dureza impropia con alguien cuyo legado democrático es incuestionable y cuyos errores personales, ínfimos al lado de sus aciertos, ha pagado como pocos con una abdicación y un exilio forzado.

La normalización llega ahora, paso a paso, con inteligencia por todas las partes tras haber esquivado un peligro evidente: de haberse visto al Rey Juan Carlos en el banquillo del Tribunal Supremo, como tantos querían, la propia Casa Real hubiese tenido muy serios problemas de supervivencia que, gracias a ambos Reyes, ha sorteado con éxito.