| 17 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, la semana pasada en Nueva York
Pedro Sánchez, la semana pasada en Nueva York

Sánchez vuelve a entregar las cuentas de España a ERC, Bildu, PNV y Podemos

Mientras Alemania apuesta por la moderación y desecha los extremos, España ahonda en la línea radical y entrega la caja de caudales públicos a la alianza que hizo presidente a Sánchez.

| ESdiario Editorial

La apertura de negociaciones para aprobar unos nuevos Presupuestos muestra todas las debilidades, dependencias, peajes e inestabilidad que Pedro Sánchez asumió desde el primer momento a cambio de alcanzar la Presidencia.

La principal herramienta de gestión de un Gobierno, en la que refleja su vocación de país y resume su política de Estado; se ha convertido en una especie de cambalache sin coherencia, elaborado a parches para contentar a los aliados del PSOE, todos ellos alejados de una visión nacional conjunta.

Un presupuesto serio debe contemplar unos ingresos realistas y acomodar en ellos unos gastos viables, especialmente en un país lastrado por una deuda y un déficit disparados cuyo coste es ya insufrible y puede ser insoportable cuando suban los tipos de interés.

 

En este caso, las exigencias de Podemos, ERC, Bildu y PNV van a destrozar de nuevo la coherencia de las cuentas, elevando el gasto otra vez más allá de los recursos al alcance del Gobierno: la aprobación en julio de un techo de gasto de 196.000 millones supone un récord y es incompatible con la capacidad de generar ingresos del Estado, ni siquiera con la subida de impuestos que Sánchez aplica o anuncia desde el comienzo de la legislatura.

Mientras Alemania opta por la moderación y desecha los extremos; Sánchez los agudiza y apuesta por ellos

Además, ese dispendio camuflado con los Fondos Europeos y los “sablazos” fiscales no atiende a un proyecto homogéneo de país, sino a los peajes que los socios imponen: más inversiones y transferencias en Cataluña y el País Vasco; y más populismo subvencionado en el de Podemos.

Injusticia para casi todos

La primera consecuencia de esa política económica es la injusticia: para las Comunidades que pierden recursos para tranquilizar a los socios autonómicos del Gobierno; para los ciudadanos que verán subir su ya disparatado esfuerzo fiscal  y para la economía productiva de empresas, comercios, autónomos y trabajadores por cuenta ajena, responsables de financiar una política equivocada en el peor momento posible por su delicada situación por la pandemia.

Sería un momento para buscar pactos de Estado con el PP, pero el PSOE ha optado por profundizar lo contrario: convertir el epicentro de su política en una moneda de cambio. Cualquier parecido con Alemania, donde socialdemócratas y conservadores pactan entre ellos o al menos desechan alianzas con sus extremos, es pura casualidad.