| 02 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Feijóo, con Ayuso, Moreno, Gamarra y Bendodo
Feijóo, con Ayuso, Moreno, Gamarra y Bendodo

Presidente Feijóo

El nuevo presidente del PP llega en el peor momento para España y en el mejor para lanzar una alternativa sólida, sensata y eficaz a un Gobierno sectario y desbordado.

| ESdiario Editorial

 

Alberto Núñez Feijóo ya es el nuevo presidente del PP, un puesto que parecía pertenecerle de manera natural desde hace años pero al que ha llegado, sin embargo, de una forma bien traumática para su partido: relevar al líder con los sondeos a favor y el Gobierno en declive es tan inusual como, viendo el clamor que ha aupado al gallego, necesario.

Pacificar a su formación es la primera tarea del presidente popular, cuya designación ha sido ya de entrada un calmante por su habilidad para integrar todas las sensibilidades y compartir el poder orgánico con quienes ya tenían el poder en sus territorios pero se veían incomprensiblemente ajenos al centralismo de Génova con Casado y Egea.

 

La evidente influencia del andaluz Moreno o de la madrileña Ayuso no son peajes a pagar por Feijóo para dotarse de estabilidad, sino la justa traducción de la relevancia de ambos dirigentes y la mejor manera de que todo el PP se beneficie de su presencia.

Nada mejor para demostrarle a la sociedad la amplitud del mensaje popular y su aspiración a acoger a votantes de distintas procedencias que saber integrar, en una propuesta común, a presidentes autonómicos con estilos tan diversos pero idéntica capacidad ganadora.

Si Feijóo es capaz de plantar cara a la deriva sectaria de Sánchez y de acordar todo aquello que supere la batalla política y atienda al interés general; llegará pronto a La Moncloa

La unidad ya es el primer logro de Feijóo, pero también una simple premisa que había que dar por hecha para centrarse en lo importante: ser una alternativa real y sólida al peor Gobierno que ha tenido nunca España y, mientras llega ese relevo, una herramienta útil para auxiliar a los españoles en momentos tan terribles como los que atraviesan.

Rumbo a Moncloa

El discurso de investidura de Feijóo responde claramente a esa vocación doble, que es en la que puede reconocerse una mayoría de españoles. Y también la que mejor va a retratar a Sánchez: tenderle la mano para consensuar pactos de Estado no debilita a ninguna oposición, si se hace en las condiciones debidas; pero sí lo hará a un Gobierno rehén de sus aliados.

Si el presidente del PP es capaz de plantar cara a la deriva sectaria de Sánchez; de detallar su alternativa de manera comprensible y, además, de acordar todo aquello que supere la batalla política y atienda al interés general; sus expectativas de llegar a La Moncloa se dispararán sin duda. Porque en España hay hambre de cambio, sin duda. Pero también de mejoras mientras ese momento llega.