| 21 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, este fin de semana en Cataluña
Pedro Sánchez, este fin de semana en Cataluña

Sánchez mira para otro lado con la pandemia y solo mete miedo a la ciudadanía

El presidente apela a la cogobernanza, declarada inconstitucional, para escurrir el bulto en vísperas de otra Navidad imprevisible por el virus y sus negligencias.

| ESdiario Editorial

 

Pedro Sánchez malgastó su enésima "comparecencia institucional" sin preguntas, un formato inaceptable que ahora toleran los otrora denunciantes del plasma de Rajoy, para no decir nada relevante sobre la sexta ola de Covid, aplazar toda decisión hasta unas horas antes de la Nochebuena y atemorizar a la ciudadanía con todas sus indefiniciones.

Cuando todo el mundo esperaba algún anuncio relevante, Sánchez sorprendió con una discurso hueco que básicamente le sirvió para justificar su desplazamiento en Falcon al congreso del PSOE en Cataluña y confirmó su irresponsable tendencia a lavarse las manos cuando los problemas se agravan.

 

Que el mismo presidente que ha dado por derrotado al virus se presente ante la opinión pública para no decirle nada, tenerla en vilo en las vísperas de la Navidad y trasladar a los presidentes autonómicos una responsabilidad que en primer lugar es suya; resulta inaceptable.

Reservarse la foto de la llegada de las vacunas para desaparecer a continuación retrata al personaje como un negligente dispuesto siempre a explotar la propaganda pero renuente, siempre también, al ejercicio de sus funciones más elementales.

En ese contexto, hacer un llamamiento a la tranquilidad sin explicar primero qué está pasando, cuál es la gravedad de la epidemia, qué medidas se barajan y hasta qué punto siguen siendo eficaces las vacunas; se antoja cínico y solo contribuye a aumentar el pánico.

Porque España llega a este punto sin una Ley de Pandemias, con la cogobernanza repudiada por el Tribunal Constitucional y con la sensación, alimentada desde el Gobierno, de que tanto esfuerzo y tantos daños no han sido suficientes para vivir con algo de tranquilidad.

Si esto es así, y si nada de ello ha sido suficiente, lo mínimo que se puede esperar de un presidente solvente es que lo reconozca y adopte decisiones claras, rápidas y proporcionales. Pero lo que tenemos es un político esquivo, confuso y centrado, casi en exclusiva, en quitarse de encima toda responsabilidad y confiar en que otros lo hagan por él, para culparles luego si algo no funciona del todo. Lamentable.