17 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y Fernando Grande-Marlaska

Pedro Sánchez sí deseaba montar una "Policía Patriótica"

El caso del coronel Pérez de los Cobos y la permanencia de Marlaska en el cargo denotan un inquietante afán de este Gobierno por colonizar hasta el último reducto del Estado.

| ESdiario Editorial

 

Cinco días después de la demoledora sentencia de la Audiencia Nacional que restituye en su puesto al coronel Pérez de los Cobos, represaliado por el Gobierno por no aceptar órdenes políticas y limitarse a cumplir las instrucciones judiciales, el ministro del Interior se dignó a hablar al fin. Pero no para disculparse con el modélico servidor público, dar algún tipo de explicación y presentar su dimisión, como hubiera sido preceptivo.

No, Marlaska se limitó a rechazar su salida, se aferró al cargo sin ninguna presión del resto del Gobierno y, como toda justificación de su silencio, arguyó que no comenta resoluciones judiciales. Que lo diga un delegado de Pedro Sánchez, cuya llegada inicial a La Moncloa fue precisamente por una sentencia menor que no afectaba personalmente  a Rajoy, resulta casi sonrojante.

 

Y que se conforme con tirar de argumentario para esquivar la escandalosa situación en la que queda, es probatorio de la falta de escrúpulos general de un Gabinete erigido sobre un mensaje de transparencia y regeneración que dejó de aplicarse al minuto de alcanzar el poder: ningún Gobierno ha protagonizado tantos casos de opacidad,  desprecio a las normas y apego a la mentira como el de Sánchez en tan poco tiempo.

Pero se vaya o no Marlaska, este caso denota una deriva mucho más inquietante que la mera coacción a un alto mando de la Guardia Civil, con ser ya esto escandaloso. Porque evidencia el intento de Sánchez de conformar, él sí, una "Policía Patriótica" al servicio del partido y no del Estado.

Sánchez sí quiere una Policía Patriótica, en un Estado subordinado en todos sus poderes a su capricho político

Porque al igual que a López de los Cobos se le intentó imponer el tutelaje político por encima del judicial, en la instrucción de la denuncia sobre la posible relación entre el 8M y la extensión de la epidemia; a otro portavoz del Cuerpo se le impuso "monitorizar" a los ciudadanos en las redes para anular las críticas al Gobierno.

Llueve sobre mojado

Y en esa misma línea operan otras andanzas del Ejecutivo como el llamado "Ministerio de la Verdad"; el asalto al Poder Judicial; el nombramiento de una exministra como Fiscal General o la prolongación artificial del estado de alarma para debilitar los controles parlamentarios.

El comportamiento de Marlaska, invalidado como ministro pero también como juez, no es una anécdota, sino la confirmación del espíritu general que impulsa al sanchismo: un goteo liberticida incesante, con el espurio objetivo de calar en todas las instituciones del Estado para ponerlas al servicio del poder político.