07 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Luis Bárcenas

Bárcenas, la burda excusa para otra causa general contra el PP de Casado

Juzgar los excesos de Bárcenas y sus complicidades con el anterior PP es razonable: sentenciar para siempre al actual partido es una burda campaña para acabar con la oposición.

| ESdiario Editorial

 

Este lunes comienza el llamado juicio por la "Caja B", de más enjundia política y mediática que judicial. Porque técnicamente se juzga solo a Bárcenas y a cuatro cargos medios o externos; con peticiones de cárcel menores al lado de otras de la trama Gürtel y por importes "menores", de apenas 900.000 euros, al lado de otros casos de corrupción bien conocidos y lamentables.

De entrada, nada bueno se puede decir del extesorero del PP, un multimillonario por métodos ilícitos que se ha reído de la ciudadanía al intentar explicar el origen de su fortuna de manera cómica, apelando a supuestas gestiones empresariales ajenas a su puesto político.

Que además haya variado de discurso constantemente por razones de interés personal contextualiza al personaje y explica casi todo lo que diga en una mezcla de venganza y estrategia judicial..

Y todo ello es perfectamente compatible con la razonable sospecha de que su partido, en aquellos años, no pudo ser del todo ajeno a las andanzas de su responsable de las finanzas, por mera lógica: algo que puede merecer un juicio público y electoral, ya dirimido suficientemente en las urnas e incluso con una moción de censura, pero insuficiente en el ámbito penal.

Querer juzgar a este PP por hechos del pasado es una burda estrategia para derribar los controles de la oposición al Gobierno

Dicho todo lo cual, resulta obvio que desde el Gobierno y sus altavoces se pretende convertir este caso, alojado en el pasado, en una causa general contra el PP actual, destinada a maniatarle y a invalidar a Pablo Casado como líder de la oposición y alternativa al nefasto Sánchez.

Y que para lograrlo, se amplifica en el presente unos hechos del pasado con nula conexión con la actual dirección popular, renovada hace dos años para cerrar una larga etapa de luces evidentes y sombras preocupantes que el actual Gobierno zanjó de manera interesada: obteniendo en los despachos parlamentarios lo que las urnas le negaron.

 

Ante esto, hay que rebelarse: si en algún momento ha hecho falta una oposición fuerte, es ahora con España sumida en una tripe crisis sanitaria, económica e institucional. Y si en algún momento España ha tenido un Gobierno con menos controles y más dispuesto a acabar con el último de ellos, es también en éste.

No se pretende hacer justicia, pues, sino extender una condena preventiva a todo un partido para facilitarse, a la vez, la impunidad con los excesos propios y el derribo de cualquier obstáculo que frene los inquietantes planes políticos del Ejecutivo. Y eso, para la democracia española, resulta peligroso e inadmisible.