28 de Julio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Inés Arrimadas
Inés Arrimadas

El difícil futuro de Ciudadanos y de Arrimadas en una España polarizada

El partido que nació para ser una saludable alternativa a la bisagra nacionalista se ha quedado desdibujado y tiene un complejo encaje en un mapa político dividido en dos.

| ESdiario Editorial

 

El nacimiento de Ciudadanos fue una espléndida noticia para España por una poderosa razón de interés general, más allá de filias, fobias e ideologías: ofrecía al país la posibilidad de que la gobernación dejara de depender, en mayor o menor medida, de insaciables y egoístas partidos nacionalistas que, con muy poca representación, eran fundamentales para elegir presidente o al menos dar equilibrio a su Gobierno.

La opción de un partido bisagra, capaz de completar, moderar y orientar tanto al PSOE cuanto al PP siempre desde una visión nacional y centrada de España era muy interesante, y prueba de ello fue la inquina con que la recibieron todas las formaciones rupturistas, por distintas razones y distintos objetivos: desde el PNV hasta la vieja Convergencia, pasando por Podemos o Bildu, todos identificaron a las siglas impulsadas por Albert Rivera como un obstáculo para sus negocios políticos.

En la práctica, sin embargo, la división en tres del centroderecha ha servido, sobre todo, para facilitar las victorias de Pedro Sánchez, hacer más difícil la alternativa y consolidar las tétricas alianzas del PSOE con todos los partidos a los que, en realidad, debería haber ayudado a aislar.

 

Con PP, VOX y Cs en la oferta electoral, el centroderecha ha traducido mal en escaños sus votos totales; y ha facilitado que Sánchez, el presidente con menos parlamentarios propios de la democracia, tenga más sencillo que ningún otro gobernar con puño de hierro.

La división en tres del centroderecha ha sido la mejor ayuda para Pedro Sánchez y la mejor manera de que se eternice

Responsabilizar de ello a Ciudadanos no es justo, probablemente, pero es una evidencia que el exceso de opciones ha alejado el objetivo que, paradójicamente, los tres partidos dicen perseguir: ofrecer una alternativa solvente a un Gobierno lamentable que ha visto en la fractura del voto rival una oportunidad para prosperar y eternizarse.

Una España de bloques

En ese contexto, los fallos cometidos por Ciudadanos han sido relevantes, pero no decisivos: la decisión de Rivera de anteponer el sorpaso al PP a la estabilidad del centroderecha o los vaivenes de Arrimadas en Murcia o Madrid fueron muy negativos; pero las consecuencias de esa fragmentación hubieran sido las mismas con esos errores o sin ellos.

Ahora Arrimadas pretende refundar Ciudadanos con una apuesta por el "liberalismo progresista" que se nutra del votante más centrista de PSOE y de PP a la vez. Y sin duda tiene derecho a intentarlo. Pero en una España polarizada en la que el sanchismo obliga a elegir bloque, bien para enfrentarse a su deriva o bien para blanquearla, no parece sencillo encontrar ese espacio.