| 08 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, este sábado
Pedro Sánchez, este sábado

Sánchez no reacciona: su plan anticrisis es corto, tardío y flojo

El Gobierno vuelve a presentar medidas superadas por la realidad, que engordan la deuda y no atacan la necesaria reducción del gasto público superfluo, una urgencia nacional.

| ESdiario Editorial

 

En otra de sus huidas hacia adelante, Pedro Sánchez ha presentado un nuevo “plan anticrisis” con la misma rimbombancia y los mismos efectos, muy discutibles, que tantos otros del pasado: sea por la pandemia, la guerra o la crisis, el manual del Gobierno siempre es el mismo.

Engordar la deuda pública, incrementar el asistencialismo del Estado, subir impuestos e ignorar reformas estructurales: todo con la vista en capear el temporal electoral al corto plazo y no minar aún más las opciones del PSOE en las urnas, cada vez más exiguas.

 

No se trata de discutir el posible alivio del cheque temporal de 200 euros o de las rebajas en el transporte público; ni tampoco dudar del beneficio de reducir el IVA de la luz al 5% o incluso de crear un impuesto especial a las empresas energéticas; sino de entender que la situación es dramática y los parches, en consecuencia, insuficientes.

Un país endeudado, con sus sectores productivos alicaídos y una potente industria política tiene muy difícil salir adelante.

España necesita afrontar con valentía el formidable hundimiento económico que, por factores externos y decisiones internas, padece en estos momentos y padecerá durante mucho tiempo: la magnitud del problema exige cirugía profunda en el gasto público, en los mensajes institucionales, en los pactos de Estado y en el cambio de parámetros tradicionales; con un sacrificio conjunto que debe empezar por el del propio Gobierno, para dar ejemplo al resto.

Una crisis para largo

Tirar de chequera e incrementar el carácter asistencialista de un Estado ya exangüe solo sirve para retrasar lo inevitable: un país endeudado, con sus sectores productivos alicaídos y una potente industria política tiene muy difícil salir adelante. Y confiarlo todo a las ayudas europeas o las subidas fiscales es una temeridad.

Sánchez ha demostrado sobradamente su ineficacia. Y también su tendencia a maquillar la realidad, cambiando la manera de contar los parados o los suspensos en las aulas. Pero esa falacia ya tiene las patas muy cortas y no sobrevivirá al largo invierno financiero al que se enfrenta Europa en su totalidad y España especialmente. Urge una reacción, pero lo que vemos es lo mismo de siempre.