| 02 de Diciembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Casado
Pablo Casado

Casado retrasa lo inevitable a costa de dañar aún más al PP

Casado debería haber dimitido ya o anunciado un Congreso inminente al que no se presentaría: atrincherarse en Génova no le permitirá sobrevivir, pero prolonga el daño al PP.

| ESdiario Editorial

 

Con una resistencia alejada del sentido común más elemental, Pablo Casado ha decidido intentar ganar tiempo y, lejos de anunciar su renuncia y permitir una transición pacífica, demoró la salida hasta la celebración de una Junta Directiva Nacional que, probablemente, se celebrará el próximo martes y servirá para convocar un Congreso, en 30 días si es extraordinario, en julio si mantiene el calendario ya previsto de antemano.

Ni siquiera hay que destacar que, llegado ese momento, Casado intente competir con otros aspirantes a relevarle, lo que dificultaría el consenso necesario para aupar a un nuevo presidente y devolver al PP, con urgencia, a la senda de ejercer de oposición al Gobierno y de ser una alternativa clara, coherente y unida al sanchismo.

 

Si las opciones de Casado, muy limitadas, nacen de prolongar la inmensa fractura interna o incluso de anhelar la imputación de Ayuso por la Fiscalía General del Estado de Pedro Sánchez; debería preguntarse si le merece la pena: difícilmente ganará, y su legado final será haber sometido al PP a una tensión interna fraticida y nada higiénica que solo beneficia a los rivales.

En ese contexto, Casado debería haber anunciado ya la convocatoria de un Congreso Extraordinario, a falta del trámite orgánico para hacerlo oficial, y su renuncia a presentarse a una reelección que solo podría llegar con una movilización del aparato capaz de invertir la evidencia de que ni las bases ni los votantes ni los presidentes autonómicos le quieren.

Todo lo que no sea facilitar el aterrizaje más cómodo de Feijóo equivaldrá a seguir perjudicando al PP y auxiliando a Sánchez

Ésa era la única manera de evitar una dimisión fulminante que le permitiera a una Junta Gestora provisional gestionar la preparación del Congreso y le concediera al PP la posibilidad de elegir pronto, y por aclamación, a un nuevo líder capaz de aglutinar al partido, recuperar el crédito electoral y plantarle cara al peor Gobierno de la democracia.

Solo ayuda así a Sánchez

Casado ya no es el mejor ni para dirigir administrativamente la transición, pero si quisiera ejercer ese papel, debería hacerlo a favor de una nueva etapa y de quien tiene todos los pronunciamientos para encabezarla, el presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo.

Que no se haya pronunciado al respecto parece indicar que está dispuesto a mantener el pulso a su propio partido hasta el final, maniobrando incluso para demorar el Congreso hasta julio e incluso para intentar ganarlo.

Una pretensión alocada, probablemente estéril y dañina al máximo: todo lo que no sea facilitar el aterrizaje más cómodo de Feijóo equivaldrá a seguir perjudicando al PP y auxiliando a Sánchez. Que es lo último que cabe esperar del líder de un partido cuyo último servicio ha de ser apartarse con dignidad y lo más rápido posible.