| 24 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Tropas españolas en Afganistán
Tropas españolas en Afganistán

Vergüenza en Afganistán

Occidente abandona a su suerte a millones de seres humanos, entregados a un régimen feroz a cambio de nada: España no se salva de ese espectáculo inhumano.

| ESdiario Editorial

 

La huida de Estados Unidos de Afganistán ha arrastrado al conjunto de Occidente -incluyendo a España- a una estampida fulgurante, dejando al país en pocas semanas a merced de los talibanes, dos décadas después de que fueran desalojados tras los atentados de las Torres Gemelas en Nueva York.

Aunque la toma del país haya sido tan rauda, no hubiera sido posible sin un acuerdo firmado en 2020 a tres bandas entre los Estados Unidos, la OTAN y los fundamentalistas, impulsado por Donald Trump y aplicado por Joe Biden; según el cual las tropas internacionales saldrían de Afganistán a cambio de que el régimen talibán no se constituyera en una amenaza para el mundo.

 

Que se dé por buena la palabra de un feroz grupo fundamentalista es una temeridad, además de una excusa para buscar una salida estética que reconoce el fracaso global en la pacificación de un avispero histórico que lleva siendo décadas foco de tensiones mundiales.

Pero aunque fueran ciertas las pretensiones talibanes de limitar su terrorífico califato a sus fronteras, a diferencia del expansionismo de Al Qaeda o el Estado Islámico, ¿cómo se puede abandonar a 32 millones de seres humanos a su suerte, conscientes de la represión que van a padecer con el retorno de sus opresores al poder?

Es una vergüenza que el mundo abandone a los afganos a una suerte escrita: represión, oscuridad y muerte

Las buenas intenciones de los talibanes no son más que una coartada pasajera para volver a Kabul con menos desgaste, pero nunca un propósito duradero: ni van a dejar de ser un anfitrión de los peores movimientos internacionales ni van a dejar de aplicar una interpretación radical del Corán que sumirá en la oscuridad, cuando no en la muerte, a millones de afganos. Y en especial a las mujeres, condenadas a la reclusión, la tortura y el asesinato.

Y Sánchez de vacaciones

La fuga internacional es, pues, inaceptable. Y las protestas de quienes la consideraron en su día una invasión y ahora denuncian el abandono, un acto de cinismo insuperable, rematado por una cobardía supina: no se esperan movilizaciones feministas contra el martirio asegurado por las afganas.

Y tampoco que el presidente español, Pedro Sánchez, interrumpa sus vacaciones para ponerse al menos al frente de la repatriación de los 25 españoles y 400 colaboradores afganos que van a huir de ese infierno.