21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, la semana pasada
Pedro Sánchez, la semana pasada

Sánchez abandona (otra vez) España

La irresponsable gestión del Gobierno en la pandemia no tiene fin y, tras un año lamentable, incide en los mismos errores, con una premeditación perversa e inaceptable.

| ESdiario Editorial

 

De una manera escandalosa y frívola, impropia de la gravedad del momento, el Gobierno cambió de posición dos veces en apenas unas horas sobre cómo gestionar el fin del estado de alarma: a primera hora el ministro de Justicia aceptó impulsar una nueva normativa que diera cobertura a las Comunidades Autónomas sin necesidad de depender de la tutela del Tribunal Supremo.

Pero poco después, el presidente del Gobierno, desde Grecia, desechó esa posibilidad: aseguró que las Comunidades ya tienen herramientas para gestionar la pandemia y que, si no les llegaba, podía pedir ellas el estado de alarma, con la deplorable intención de hacerlas responsables de reclamarlo o de obviarlo.

 

Sánchez, por enésima vez, vuelve a anteponer su estrategia política a las necesidades sanitarias: si no es necesario un estado de alarma para gestionar la pandemia ahora, ¿por qué aprobó dos, uno de ellos de seis meses de duración? La fundada sospecha de que lo hizo para esquivar controles antes que para controlar la pandemia se consolida con esa lamentable contradicción, sin duda.

Sánchez nunca ha pensado en otra cosa que en sí mismo para gestionar la pandemia, con un resultado dramático

El objetivo parece claro: culpar a las Comunidades de los efectos de un descontrol que se ha negado a evitar. La Delegada del Gobierno en Madrid, Mercedes González, lo confesó ayer en una entrevista con una frase lamentable contra Ayuso, sin haber tomado de la durísima lección recibida el 4M: “Cuando llevas meses, y meses y meses, sembrando en la ciudadanía falsa libertad, lo que te encuentras en un libertinaje, eso es lo que recoges, libertinaje".

El egoísmo de Sánchez

Mientras, el PP volvió a proponer ayer un cambio que permita impulsar en 15 días una Ley de Pandemias útil para las Comunidades. Entre la nada y el estado de alarma hay un camino intermedio que no imponga restricciones a millones de personas por los excesos de unos miles. En todo caso, la Policía Nacional, dependiente de las Delegaciones del Gobierno, puede asumir más responsabilidades en el control de las multitudes por las noches.

Porque no se trata de elegir entre la inacción absoluta y el estado de alarma restrictivo, sino de adaptar la respuesta legal a las circunstancias del momento para hacer compatible el control de la pandemia con el desarrollo de una vida normalizada. Pero para eso Sánchez debería dejar de pensar en sí mismo y empezar a pensar en todos los demás.