06 de Marzo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Cristina Cifuentes y Pedro Sánchez

Cifuentes en el banquillo por su máster; Sánchez en Moncloa pese a su plagio

Toda la contundencia contra Cifuentes ha sido impunidad para Sánchez, que cometió un abuso mucho más claro y beneficioso con su tesis plagiada y maquillada desde Moncloa.

| ESdiario Editorial

 

Cristina Cifuentes se enfrenta a una pena de tres años de cárcel por un presunto delito de falsedad documental relativo a su Trabajo de Fin de Máster, sobre el cual pesa la sospecha de que ni lo elaboró ni lo presentó ante el tribunal en persona, consiguiendo que se lo regalaran por una combinación de presiones de sus colaboradores y complicidad de la Universidad Rey Juan Carlos.

No se enjuicia si la expresidenta de la Comunidad de Madrid cursó los estudios y aprobó las asignaturas, como se ha dicho hasta la saciedad, sino si remató esos estudios con una pantomima ajena al esfuerzo personal que comporta y lo maquilló, ella o alguien en su nombre, con una especie de acta falsa que simuló un examen final que en realidad no hizo.

A este respecto, los testimonios en su contra son claros, aunque también interesados al proceder de arrepentidos que logran con ello ciertos beneficios. Y la prueba exhibida por la acusada, un pen drive que incluye una cita consignada a las horas exactas de ese examen final y avalada por un perito, avala por contra su versión de que sí cubrió ese trámite en persona.

 

En todo caso, Cifuentes pagó un altísimo precio político por este episodio que, unido a la difusión de un confuso vídeo donde parecía sustraer dos botes de crema en un supermercado, desató una cacería política y mediática con pocos precedentes, desde los mismos ámbitos que en tantos otros casos más escandalosos miran para otro lado o dan cobertura a los abusos.

El ejemplo más claro de esto es la tesis de Pedro Sánchez, un escándalo de mucho mayor envergadura que el de Cifuentes, cuyo máster apenas servía para engordar su currículum y no, como en el caso del actual presidente, para obtener un doctorado que le habilita para obtener algún día incluso una plaza de catedrático.

Toda la contundencia contra Cifuentes ha sido impunidad para Sánchez, que se benefició de un montaje mucho más claro y mucho más grave

Lo que diferencia ambos casos es solo la respuesta mediática y judicial que han tenido: con Cifuentes se desplegó la máxima contundencia imaginable. Con Sánchez, la mayor impunidad conocida, acompañada de la fabricación de coartadas infumables para tapar la evidencia de su comportamiento.

El líder del PSOE no hizo su tesis, de manera total y parcial; se la fabricaron o se la fabricó con vergonzosas copias de trabajos ajenos y se la aprobaron en un tribunal del que formaban parte amigos , uno de los cuales es coautor incluso del libro publicado a posteriori con el mismo contenido.

Moncloa, cómplice

Y lo más escandaloso fue la utilización del sello de la Moncloa para difundir un supuesto test antiplagio que legitimaba la calidad de la tesina, convirtiendo a la propia Presidencia en cómplice de una mentira oficial: nunca se conoció el contenido de ese control de calidad, bien porque no existe, bien porque no arroja el resultado proclamado.

 

Que Cifuentes pueda acabar en la cárcel y Sánchez, por contra, vaya dando lecciones de transparencia al propio Rey tras construir su carrera con una moción de censura justificada por la necesidad de higiene en la vida pública; lo dice todo del ecosistema político, mediático y hasta judicial de España: no es que haya dos varas de medir ya; es que a unos se les atiza con crueldad mientras a otros se les despliega una alfombra roja inaceptable.