| 19 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Los Reyes, con Sánchez y Urkullu
Los Reyes, con Sánchez y Urkullu

No se puede estar con las víctimas y pactar con Otegi a la vez

España paga una deuda con la creación del Centro Memorial de las Víctimas de ETA, pero el Gobierno la mancilla pactando casi todo con los amigos del terror.

| ESdiario Editorial

Los Reyes inauguraron en Vitoria el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, sin duda un hito para entender la magnitud del fenómeno, las secuelas que dejó y las enseñanzas que impone. Y un acto de justicia elemental con quienes encarnan, como nadie, la resistencia de la democracia al totalitarismo.

Los ataques del entorno de Bildu a un lugar para recordar el horror y rendir tributo a sus mártires prueban la necesidad del centro y, aún más, la falta de homologación del mundo abertzale con el Estado de Derecho.

 

El diario Gara, que exigió equiparar a las víctimas de ETA con los terroristas muertos en sus acciones violentas y a pedir que ambos compartieran espacio, ha llegado a decir que el Memorial está destinado a “blanquear la violencia del Estado”. Un insulto a sumar a los homenajes que los etarras reciben al volver a sus pueblos, tras ser trasladados a cárceles cercanas por las medidas de gracia de Moncloa.

No se puede estar con las víctimas y pactando con Bildu a la vez, mientras intenta equiparar a los terroristas con sus asesinados

No parece compatible, para el Gobierno, honrar a las víctimas y a la vez “indultar políticamente” a los socios de sus verdugos: que Bildu pueda estar en las instituciones es una cosa, tal vez inevitable; que se la elija como aliado es otra bien distinta que define a quien lo hace.

Abucheos a Sánchez

Sánchez y Marlaska fueron recibidos en Vitoria entre abucheos: su política penitenciaria en favor de los terroristas y sus pactos con Bildu marcan más su trayectoria reciente que su apuesta por la memoria de las víctimas. Y legitiman las protestas de quienes, con razón, se sienten humillados.

Porque escuchar el digno mensaje del Rey pero no practicarlo y, a la vez, tener el desparpajo de fotografiarse junto a la reproducción del bulo de Ortega Lara; retrata a un presidente con poco pudor pero unas tragaderas sin límite.