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A PROPÓSITO DE LAS TRINCHERAS

Las dos Españas

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El autor arremete contra el frentismo instalado de nuevo en la sociedad española y entona un llamamiento a la reconciliación y la decencia en la gestión anímica de los dramas.

Abrácense por fin las dos Españas.

Muera el siniestro guerracivilismo.

 

La barbarie resonó hace unos días en nuestros corazones e impregnó absolutamente todo de imágenes cruentas y relatos estremecedores. Y el eco llegó.

Un eco podrido y contaminado por el orgullo ideológico de las cabezas de opinión pública, que no tardó en manchar el noticiario y las regocijantes redes.

La caverna de los odios propios de la España anclada en el revanchismo abrió sus puertas y dejó paso al infundio y la charlatanería paranoica. Los unos y los otros encontraron en la desgracia el apoyo para encajar sin disimulo lo que en otros momentos no se atreven a decir.

Lo mismo da achacar el salvajismo presenciado al capitalismo que a las políticas migratorias permisivas

Lo mismo da achacar el salvajismo presenciado en Las Ramblas al capitalismo que a las políticas migratorias permisivas. Lo mismo da abatir que asesinar al responsable. Lo primordial para muchos es el orgullo de su estulticia.

Su bajeza de miras les caracteriza. Lo realmente en juego para estos necios es la victoria ficticia de un dialecto vacío, que siguen únicamente los adictos al espectáculo frívolo.

La mezquindad

Esta mezquindad crónica que asola nuestro diario encuentra compradores en los medios cuya moral pasa inexcusablemente por la potencial cuota de pantalla. Da exactamente igual el contenido del producto.

A toda costa debe mantenerse la batalla penosa y ruinosa que mantiene al consumidor asintiendo a los unos y odiando a los otros. No cabe la sensatez sometida a debate. Semejante cesión ante el de enfrente supondría no respetar el principio bélico que ata y desata a la clase mediática (que en rara ocasión coincide con la intelectual).

Esta condena que martiriza a la seriedad y la cordura en España puede ajustarse entre todos. Aquellos que quedamos al margen de esta degradación no podemos sino trabajar con la esperanza de que se acaben abrazando, por fin, las dos Españas.

(*) Fernando Roca pertenece al Club Liberal 1812 de Málaga

 

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