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Putin, presidente de Rusia

LAS RAZONES DEL APOYO AL INDEPENDENTISMO

¿Otra vez el espionaje ruso?

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Ucrania, Siria, Estados Unidos y Cataluña. La ciberguerra rusa incluye la difusión de información falsa para desestabilizar a sus rivales. Y España no ha sido una excepción.

Putin se declara a favor de la unidad de España y Rusia pasa por aliado de Occidente. E incluso el jerarca del Kremlim y Trump mantuvieron hace una semana una amistosa reunión con Siria o Corea, dos focos de inquietud mundial, en la agenda.

Pero, de puertas para adentro, el gigante helado ve con buenos ojos la desestabilización de Europa y, en general, de todo Occidente: le va en ello, cree, parte de su condición de gallo en un corral internacional lleno de peleas.

Rusia busca territorios en Siria o Ucrania; con casos como Cataluña, ganar influencia en la UE debilitándola

La ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, ya asume en público que "agencias" rusas, sin precisar su carácter institucional, han sido relevantes en la proyección mundial de una imagen negativa de España como país donde la represión, referida al independentismo catalán, se practica de manera cotidiana. ¿Pero cómo funcionan esas campañas? ¿Tanto impacto tiene la difusión de noticias falsas?

Un informe demoledor

Las respuestas las ofrece un análisis del Real Instituto Elcano sobre "la guerra de la información de Rusia en Cataluña" considera que "la exitosa combinación de varios instrumentos de la guerra de la información" en este caso "ha hecho necesario el apoyo del Gobierno del régimen autocrático", así como de las agencias de inteligencia, "que definen las principales debilidades y problemas internos de un país", y de ciberinteligencia.

El documento, firmado por la investigadora principal del Instituto Mira Milosevic-Juaristi, señala que lo que distingue a Rusia de otros 'ciberactores' y divulgadores de mentiras es que la guerra de la información es una estrategia militar definida en la última Doctrina Militar de la Federación de Rusia, oficial desde 2014.

El estudio define la actividad rusa como "combinación" ("kombinaciya"), un tipo de operación que integra diversos instrumentos: "ciberguerra, ciberinteligencia, desinformación, propaganda y colaboración con actores hostiles a los valores de la democracia liberal".

Mientras en los conflictos de Siria y Ucrania la acción rusa ha consistido en combinar fuerza militar con guerra de información, explica, en los países occidentales "donde su objetivo es ganar influencia y no territorios", el foco está puesto en la guerra de la información.

Aunque los responsables rusos, incluido el presidente Vladimir Putin, han apoyado públicamente la integridad territorial de España, esta experta ve plenamente vigente lo que dijo el diplomático estadounidense George Kennan durante la Guerra Fría: que no hay que confundir las "relaciones exteriores" rusas -que se enmarcan en las instituciones de la comunidad internacional- con su "política exterior", que pretende devolver a Rusia su estatus de "gran potencia" disputando zonas de influencia a Estados Unidos.

 

Putin, con el Rey, el pasado mes de junio en Astaná

El fin es desacreditar la democracia española, el orden liberal occidental y las instituciones europeas

 

En el caso de Cataluña, detalla que, además de difundir mensajes verdaderos y falsos en las redes sociales, la actividad rusa ha incluido ofrecer un "punto de vista alternativo" en las televisiones estatales rusas, y también los medios estatales que publican en inglés y español, RT y Sputnik.

Franquismo y violencia

Entre sus contenidos más significativos, el estudio menciona el uso de la fuerza por parte del Estado como "violencia deliberada" y "práctica franquista", o el decir que la UE reconocería la independencia catalana "después del proceso de adhesión", o bien que la UE ordenó a España una acción represiva para evitar otro Brexit.

Comparar el referéndum catalán con el de Crimea o decir que Cataluña está "al borde de una guerra civil" como Donbas en Ucrania -donde Rusia apoya a los separatistas- han sido otros mensajes comunes.

Todo ello, explica, con el fin de desacreditar la democracia española y el orden liberal occidental, fomentar la división entre españoles, desacreditar las instituciones europeas, crear confusión y distraer la atención de los ciudadanos rusos de sus problemas internos.

Alemania se protegió

El análisis añade que el Gobierno español debería investigar esta injerencia rusa -el Ejecutivo lo está haciendo en el seno de la UE- y recuerda cómo Alemania, durante la campaña de las elecciones legislativas, tomó una serie de precauciones para impedir la interferencia rusa. El ejemplo americano, con Hillary Clinton en la diana rusa, sirvió de enseñanza.

Con todo, avisa de que "es imposible que Occidente responda con total éxito" a los instrumentos empleados por Moscú porque, aunque "las agencias de inteligencia pueden hacer cosas inteligentes", los gobiernos occidentales no pueden restringir el flujo de información ni el uso de Internet "como lo hacen los Gobiernos en los países totalitarios y autoritarios".

Según esta investigadora, si bien los países occidentales están bien preparados para una "ciberguerra en estado puro", su respuesta a la guerra de la información "no ha sido adecuada" por tres motivos: "por considerar que Rusia se autodesacredita divulgando noticias falsas", por no comprender que hay una verdadera "guerra con Rusia" y "por suponer que contar la verdad es suficiente, lo que no es así".

Occidente, en las nubes

"Los occidentales no comprenden el pleno significado del concepto ruso de guerra de la información como un arma más y, sobre todo, se resisten aceptar que Rusia ya no es el 'socio estratégico', ni siquiera un adversario con quien se puede discrepar y llegar a acuerdos, sino un enemigo, en el sentido de que desea nuestra sumisión o destrucción", alega Milosevic-Juaristi.

Según su análisis, con su estrategia de desinformación "Rusia ha fracasado según los criterios occidentales", puesto que no cuenta la verdad, pero "según sus propios criterios ha obtenido un éxito apabullante", especialmente en dos áreas, dado que "la población rusa ha sido aislada de las fuentes de información exteriores" y, en el exterior, "ha creado un ambiente en el que es difícil distinguir la información verdadera de las medias verdades y las noticias falsas".

 

 

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