17 de enero de 2018
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Urge reformar las pensiones

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El sistema no tiene futuro, pero la política hurta el debate serio y lo utiliza para polémicas cortoplacistas. Es urgente debatir con seriedad, pensando en el ciudadano y no en los votos.

 

 

El sistema de pensiones en España necesita una reforma para ser sostenible, pero la falta de consenso y la politización del problema aleja la posibilidad de que algo así, sabido por todos, esté cerca de ocurrir.

La realidad es bien sencilla de definir: España es un país con un paro elevado, unos salarios medios bajos y una esperanza de vida alta; tres factores que combinados ponen en riesgo el cobro de la jubilación a medio plazo según los parámetros actuales.

Con paro alto, sueldos bajos y gran esperanza de vida, reformar no es una opción, sino una urgencia

Es una simple cuestión aritmética: 19 millones de personas tienen que mantenerse a sí mismos y a otros 27 millones de personas, que son los niños, ancianos, enfermos y parados; en un país que además, pese a los discursos apocalípticos, goza de uno de los sistemas de protección y servicios públicos más avanzados del mundo.

No salen las cuentas, pero la política opera en general al corto plazo, poco dispuesta a asumir responsabilidades que vayan más allá de las siguientes elecciones: el Gobierno, por temor a la respuesta y por carecer de mayorías suficientes; la oposición, por no prescindir de un terreno abonado a la demagogia en el que resulta muy sencillo presentarse como garante de 'derechos amenazados'.

Más consenso

El Pacto de Toledo debería ser el lugar donde se librara a este asunto crucial de la demagogia y del interés y se ubicara en el ámbito correcto: el de cómo buscar alternativas para sostener un pilar fundamental de la vida de las personas, que no tienen asegurado hoy en día por mucho que trabajen y coticen: ese esfuerzo no constituye una hucha personal para su futuro; lo que financia son las jubilaciones del presente.

 

 

Que el Gobierno haya agotado la llamada 'hucha de las pensiones' no es, como se dice, fruto de la indiferencia ante el sistema de pensiones; sino consecuencia de querer mantenerlas como están a toda costa, esquivando a un desgaste que le toca asumir: primero se invierten los ahorros; después de recurre a un préstamo del Tesoro Público para no tener que implementar reformas y mantener un estatus que tampoco se reconoce: las pensiones son, de largo, el recurso público que mejor ha sobrevivido a la crisis, por mucho que se practique la demagogia al respecto de su insuficiencia.

Las fórmulas

La reforma urge, y no hay demasiadas maneras de hacerla: o se incluye el gasto en pensiones en el presupuesto general del Estado, sacándole de la Seguridad Social y reduciendo el gasto de otras áreas donde es más sencillo (la 'grasa' de la Administración española sigue siendo intolerable); o se sube la presión fiscal para costearlas (como pretende el PSOE sin ninguna originalidad); o se modifica el sistema de cálculo, tanto en edad cuanto en retribución, habilitando a la vez un sistema de complementos con una hucha propia extraída de las cotizaciones personales o del ahorro.

Y no hay más. El resto o es  mentira o insuficiente o contraproducente, y siendo tan evidente el problema y tan obvias las alternativas, escandaliza su trivialización desde casi todos los partidos políticos: no están para minar al rival ni para apuntarse tantos; sino para solventar con altura política y decencia intelectual una situación muy delicada que lleva años aplazada.

 

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