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La vicepresidenta, el miércoles en el Congreso

UN DÍA, UNA FOTO

Soraya ha 'vuelto'

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El varapalo parlamentario de la vicepresidenta a Rufián y Doménech confirma el fin de la 'Operación Cataluña', un digno intento de demostrar que España sí dialoga siempre.

 

 

Si el debate de Soraya con Rufián o Doménech en el Congreso fuera contemplado como un partido de tenis de Rafa Nadal, aquello terminó con un doble 6-0 y la asistencia en pista de los damnificados vía botiquín.

La 'Operación Cataluña', un sensato aun incomprendido intento de tender puentes con la sociedad catalana, no con Puigdemont

Puesta en duda en algunos foros por la llamada 'Operación Cataluña', un sensato aun incomprendido intento de tender puentes con la sociedad catalana ante la sordera agresiva de sus instituciones, la vicepresidenta del Gobierno encabeza ahora la respuesta política a la troupe secesionista mientras las instancias judiciales hacen su trabajo.

Y lo borda, repartiendo mandobles ante unos diputados cuyas ideas sólo florecen cuando juegan al frontón y la réplica se la da un silencioso muro.

Santamaría no lo ha pasado bien en el papel de incomprendida, por mucho que una de las razones del auge del independentismo haya sido, precisamente, la inexistencia de un diálogo civil en Cataluña desde la tranquilidad institucional: no estar, no llamar la atención, no normalizar lo normal ha sido estrategia de España, bienintencionada pero equivocada, durante largos años.

La España Mordor

Se pensaba que al nacionalismo se le podía matar a besos, quitándose de enmedio, una política impulsada a izquierda y derecha tan ingenua como incompatible con esa acusación falsa del secesionismo sobre un centralismo que nunca ha existido.

En realidad, el hueco que dejaba España lo ocupaba siempre la versión montaraz del catalanismo, consistente en llenarle la cabeza a los ciudadanos de fantasmas y brujas rojigualdas, como si la única manera de disfrutar del paraíso prometido fuera convertir al país de todos en una especie de Mordor.

Soraya ha vuelto, pues, y si con la 'Operacion Cataluña' tiraba bolas blandas de calentamiento, ahora lanza reveses muy difíciles de devolver para esos rivales que, creyéndose excelsos tenistas, no pasan de dudosos futboleros en terrenos embarrados.

 

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