17 de enero de 2018
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Mas, el icono de la debacle del procés

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El expresidente de la Generalitat resume todos los excesos y desvaríos del procés. Pero también simboliza, con su dimisión y enjuiciamiento, su derrota en las urnas y en los juzgados.

 

 

Nada de lo que está pasando en Cataluña desde 2012 puede entenderse ni explicarse sin la figura de Artur Mas, impulsor y padrino de la mayor fractura experimentada por la sociedad catalana en su seno y por el mayor desafío a la estabilidad democrática de España desde 1978.

Fue él quien colocó la independencia catalana como prioridad casi única de su Gobierno, quien alimentó el desprecio y el agravio como motor emocional de muchos ciudadanos catalanes, quien transformó la acción institucional en una herramienta de confrontación con TV3 como altavoz y la educación pública como base, quien impulsó el primero de los dos 'referendos' ilegales y, entre otras proezas, quien impulsó a Puigdemont como sucesor y permitió que tan suicida hoja de ruta se intensificara al echarse en brazos de la CUP.

Pero además es el emblema de la corrupción en Cataluña, en su condición de delfín de Jordi Pujol, auténtico instigador intelectual de la funesta combinación delictiva de ladrones y separatistas que ha marcado la historia de Convergencia, con distintos nombres, desde los año 80 hasta nuestros días.

El epílogo

Que ahora dimita del puesto que aún conservaba, el de presidente de ese partido improvisado llamado PdeCat, escribe el epílogo que merecía su funesta carrera y retrata al conjunto del procés: unos en la cárcel, otros fugados, muchos en el banquillo y no pocos fuera de toda actividad política.

 

Mas simboliza el desafío ilegal del procés, la corrupción y también la derrota de todo ello

 

El balance para ellos no puede ser más demoledor ni demostrativo de la locura que les ha movido: la vieja derecha catalanista es hoy un popurrí de siglas desbordadas por las luchas internas, acosada por la Justicia,  arrojada en brazos de los antisistema y con sus principales líderes fuera de circulación.

¿En Comú rectificará?

El mismo daño que se ha hecho a sí misma se lo ha provocado a Cataluña y a España, en un ejercicio sin precedentes de indigencia intelectual y maldad política que se describe con este saldo final tan desolador.

Pero también es una victoria del Estado de Derecho, que nunca pierde un desafío por contumaz que sea: el secesionismo ha perdido el 21D, retrocedido en votos y escaños, ha roto su unidad y exhibe en público sus vergüenzas de una manera clamorosa. La despedida de Mas es una foto global del procés, pues, que debería hacer reflexionar a quienes, como Ada Colau y Pablo Iglesias, parecen estar dispuestos a ayudar al soberanismo a conservar los principales puestos institucionales de Cataluña. Sería un bochorno injustificable.

 

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