21 de febrero de 2018
DIRECTOR ANTONIO R. NARANJO
El Semanal Digital
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UN ANÁLISIS DE LOS DISTINTOS MODELOS

En busca del sistema electoral menos imperfecto

Ciudadanos y Podemos tratan de encontrar un acuerdo para reformar la ley electoral, defendiendo propuestas en las que existen ingredientes de los sistemas de Alemania, Inglaterra o Francia.

Podemos y Ciudadanos han reavivado el viejo debate de la reforma electoral, aunque todavía se está lejos de llegar a un consenso. Empezando por que los partidos clásicos, PP y PSOE, afrontan con pereza cualquier cambio en este sentido. Y acabando por qué no existe una meta clara a la que se quiere llegar si se prescinde de la denostada y reverenciada, a partes casi iguales, Ley D’Hont.

No hay más que mirar los sistemas electorales que rigen en los países de nuestro entorno para comprobar que no existe un procedimiento perfecto.  Cada uno da prioridad a algún aspecto de la representación democrática o alguna necesidad particular del Estado: la cercanía con el elector, la proporcionalidad exacta, el respaldo a los territorios más despoblados, la estabilidad parlamentaria…

Tener definidos los objetivos exactos que se persiguen y calibrar las consecuencias de la elección, resulta indispensable antes de acometer una reforma de tanto calado, en la que, por encima de todo, debe imperar el respeto escrupuloso al principio fundamental de la cultura democrática: la voluntad de pacto y consenso.

Alemania: un ciudadano, dos votos

El gigante de la Unión Europea cuenta con un sistema parlamentario bicameral. El Bundesrat es el órgano de representación de los Länder, que son las regiones federadas. Posee 69 escaños que se reparten para cada Land en función de población. Cada uno de los Land vota en bloque, siempre. Posee  competencias  importantes y muy definidas, especialmente fiscales. El Bundestag es la cámara baja, el órgano de representación popular e ideológica. No cuenta con un número fijo de diputados, aunque siempre son al menos 598. Se le suman alrededor de veinte más para hacerlo proporcional.

El sistema electoral para elegir a los miembros del Bundestag es a doble voto, lo que significa que cada alemán tiene dos votos que se computan por distintos sistemas. El primero de ellos se articula en función del sistema uninominal mayoritario simple. Así,  de cada una las 299 circunscripciones en las que se divide Alemania, sale un solo diputado, el más votado. El segundo voto se destina a seleccionar a los otros 299  diputados. El ciudadano vota a listas electorales cerradas en cada Land. Este segundo voto no está destinado a un candidato en concreto sino al partido, y se reparte por el sistema proporcional Hare-Niemeyer. Esto supone que en función del segundo voto se repartirán el número de parlamentarios que tendrá en total cada partido en la cámara, contando en esta suma los ya elegidos por el primero voto.

 

 

Lo que más se valora de este sistema es que, al buscar la máxima proporcionalidad,  ayuda a los partidos pequeños, evitando el bipartidismo, y a la vez la excesiva fragmentación de la cámara. Su mayor problema, por el contrario, es la complejidad. El segundo voto suele ser el decisivo para determinar el peso que tendrá cada partido, y muchos votantes se confunden en el proceso.

Francia: la victoria a doble vuelta

Como república semipresidencialista, en Francia el Jefe de Estado es el Presidente de la República, que se elige mediante voto directo y además es el jefe de gobierno, lo que le confiere gran capacidad ejecutiva y legislativa. El Gobierno sale de la Asamblea Nacional y está representado por un primer ministro. Surgen así las denominadas “cohabitaciones”, es decir, que el jefe de gobierno y primer ministro pertenecen a distintos partidos.

En el sistema parlamentario francés existe una cámara alta para la representación territorial, conocida como “Cámara de los Agricultores” por su alta representación de las zonas rurales, y una cámara baja, o Asamblea Nacional. Ésta se elige por 5 años mediante un sistema uninominal mayoritario a dos vueltas.

Esto supone que se distribuye el territorio francés en tantas circunscripciones como escaños existen en la Asamblea, exactamente 577, de los que saldrá un solo diputado de cada una. Para elegir a cada diputado se llevarán a cabo dos vueltas. Si en la primera hay mayoría absoluta de un candidato en la circunscripción, es automáticamente elegido y se cancela la segunda vuelta. Si no lo hay, como suele ocurrir, concurren a la segunda vuelta los dos partidos que hayan superado el 12% de los votos. En la segunda vuelta el candidato con mayoría simple es el elegido.

Cada sistema fija una prioridad: la cercanía con el elector, la proporción exacta, el respaldo a los territorios despoblados, la estabilidad en el parlamento…

La gran ventaja de este sistema es que representa muy fielmente a los territorios y los candidatos elegidos tienen un vínculo muy estrecho con sus votantes.  Claro que apenas existe proporcionalidad y se tiende a respaldar a los grandes partidos, limitando el poder de acción y de representación de las minorías y fomentando el bipartidismo.

Reino Unido: todos los votos a uno o a una.

En la monarquía parlamentaria plurinacional que es el Reino Unido, existen dos cámaras. La Cámara Alta o Cámara de los Lores es ya casi testimonial, pues es hereditaria, no electa y cada vez posee menos competencias. La Cámara Baja o Cámara de los Comunes  es el auténtico parlamento, formado por 646 miembros.

Estos parlamentarios se eligen mediante el sistema conocido como “Winner take all”, que traducido viene a ser “el primero pasa a la posta”.  Técnicamente se conoce como sistema uninominal mayoritario y consiste en repartir el país en  tantas circunscripciones como parlamentarios hay. Cada distrito o circunscripción  reúne a alrededor de los 80.000 electores. De cada uno de estos distritos saldrá un único parlamentario, el que más votos haya conseguido. Esto significa que no se computan los votos totales en el conjunto del país, sino simplemente en el distrito.

Esto da lugar a que sea un sistema muy poco proporcional. Como los votos en el total del país no se computan, los restos (papeletas que no sirven para sacar un escaño) son muy grandes. Los partidos solo precisan  ganar por mayoría simple en sus distritos.  De estan manera puede darse la paradoja, como se ha dado en varias ocasiones, de que un partido gane en votos pero tenga menos escaños que su adversario. Los beneficiados, en todo caso, son los partidos grandes y se favorece el bipartidismo, así como las campañas muy tácticas, en las que se olvidan directamente las circunscripciones en las que no se aspira a ganar.

La cara positiva de este sistema es que  los votantes tienen un control más  directo de sus representantes, y que estos pueden formar mayorías fuertes y duraderas desde el Parlamento.

Italia: premio especial para las mayorías.

En la república parlamentaria italiana, el Jefe de Estado carece de atribuciones gubernamentales. El Gobierno sale del Parlamento, que es bicameral: Senado o Cámara Alta, con escasas competencias,   y la Cámara de Diputados o Cámara Baja.

 

 

Los 630 escaños de la Cámara de Diputados se eligen, en primera instancia, a través de un sistema proporcional, que concede un determinado porcentaje de votos,  un número de escaños. A partir de ahí, se corrige , hasta casi la anulación, la proporcionalidad con dos medidas: la primera es una barrera de entrada del 4% del voto; los partidos que no la consigan no pueden acceder a la cámara; la segunda es un premio a la mayoría, garantizando que el partido mayoritario obtenga el 55% de los escaños.

La ventaja es que así se dan garantías, teóricas al menos, para la gobernabilidad y la estabilidad, con mayorías absolutas. Pero a cambio el Parlamento queda reducido a ser un mero instrumento del poder ejecutivo, sin apenas debate político de hondura.

 

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