17 de enero de 2018
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El independentismo se deshace, pero Podemos lo sostiene

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El soberanismo está derrotado en las urnas y en los juzgados y ya confiesa todos sus abusos en plena división del bloque. Si Podemos sale al rescate, toda España deberá tomar nota.

 

 

Todo lo que le ha sucedido al soberanismo desde su Golpe de Estado fallido ha incidido en su agudo deterioro: primero fue la fractura del bloque para acudir a las elecciones del 21D; después fue su derrota en las urnas ante Ciudadanos y, finalmente, el reconocimiento por la práctica totalidad de sus protagonistas de que incurrieron en gravísimas ilegalidades y que, por si alguien les quiere creer, no volverán nunca a esa hoja de ruta unilateral e inconstitucional.

Los imputados ya reconocen el vandalismo y al agresividad del procés. ¿Cómo van a gobernar de nuevo?

En ese sentido, los testimonios ante el Tribunal Supremo de los Jordis, de buena parte de los consellers y de la presidenta del Parlament constituyen una declaración de culpa que no les librará de las consecuencias penales oportunas pero sí contextualiza el escenario de su derrota: sea por interés personal, convicción política o mera estrategia procesal; todos los cabecillas del golpe a excepción del fugado Puigdemont han asumido lo sustantivo de los hechos imputados y acabado con la ensoñación que durante años han trasladado a la opinión pública catalana sobre los supuestos 'derechos' de Cataluña y la garantía de que el objetivo independentista era estaba asegurado.

Ya no se atreven a sostener esa barbaridad, e incluso reconocen la existencia de brotes de  violencia -vandalismo lo llaman-; de una hoja de ruta ilegal planificada desde la instituciones y de la perversa utilización para tan perversos fines de herramientas públicas como los Mossos.

Asumir ante el Supremo que la DUI es ilegal y renunciar a ese camino en adelante no tiene que varias los efectos penales de su vergonzoso desafío, pero ayuda a desactivar el mensaje político que lo soportaba y exhibe el agudo deterioro del soberanismo, derrotado en las urnas y contenido por el Estado de Derecho.

¿El nacionalpopulismo?

Precisamente por eso, es sangrante el auxilio que parece estar dispuesto a darle En Común Podem, la alianza entre el nacionalismo light de Ada Colau y el populismo radical de Pablo Iglesias.

 

Toda España deberá tomar nota de Iglesias y Colau si salen en auxilio del soberanismo en lugar de ayudar a anularlo

 

Si la mera constatación de que Junts per Catalunya, ERC y CUP impulsaron y encabezaron un golpe a la democracia debiera ser suficiente para que los 'comunes' ayudaran a desactivarlos definitivamente; las grietas y contradicciones existentes entre todos ellos deberían auspiciar además su colaboración para crear una alternativa.

Ni Junqueras cree en Puigdemont

Para empezar, en la presidencia del Parlament, decisiva para evitar el bochornoso espectáculo ilegal y sectario que Forcadell dio en la pasada legislatura. Y, para terminar, en la propia investidura, que  aritméticamente corresponde al bloque soberanista siempre y cuando estén presentes todos los fugados o encarcelados.

Que hasta el propio Junqueras rechace la investidura a distancia de Puigdemont ofrece un último argumento a Iglesias y Podemos para separarse de esos partidos y apostar por cualquier otra opción que contribuya a inocular un antídoto contra el independentismo en la agotada y dividida sociedad catalana.

Tristemente, no parece probable que En Común Podem se comporte con esa altura política e intelectual. Al contrario, todo indica que sus exiguos diputados se prestarán a completar las mayorías que el soberanismo necesita para lograr la presidencia de la Generalitat y del Parlament. Y si esto se confirma, es de de desear que al menos no le salga gratis a Podemos en el resto de España: todo el mundo podrá tomar nota de su indecente decisión.

 

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