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Un ejemplo del programa de asistencia sanitaria que Taiwán presta en todo el mundo

ANÁLISIS INTERNACIONAL

Taiwán y la Organización Mundial de la Salud

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La autora se indigna por la exclusión de Taiwán de la inminente cumbre de la OMS. Las razones geopolíticas se anteponen a las humanitarias en un asunto clave: el progreso de la salud.

A finales de mayo se reunirá en Ginebra la Asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud en la que participan 194 países para deliberar y marcar la agenda sobre cuestiones de salud global; a Taiwán este año se le ha negado la asistencia como observadora, tampoco se permitirá la acreditación a los periodistas taiwaneses que se desplacen para informar desde la Asamblea.

Taiwán ayuda a países de todo el mundo, pero está vetada para participar en la OMS

Un hecho histórico que sin duda marcó un punto de inflexión en la Guerra Fría en Asia Pacífico fue la expulsión de Taiwán en 1971 como miembro de la Organización de Naciones Unidas, ya que a partir de ese año casi toda la Comunidad Internacional comenzó a reconocer a la República Popular de China como el único y legítimo gobierno de toda China;  el régimen de Pekín además reclama para sí la soberanía sobre Taiwán, cuestión jurídica internacional aún no resuelta a día de hoy.

Esta expulsión conllevó, por extensión, su cese en todas las organizaciones y agencias de la ONU como miembro de pleno derecho. Entre estas agencias se encuentra la Organización Mundial de la Salud (OMS) que defiende como principios que el “goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano sin distinción de raza, religión, ideología política” y que “la extensión a todos los pueblos de los beneficios de los conocimientos médicos, es esencial para alcanzar el más alto grado de salud”.

Abandonados en una epidemia

Respecto a Taiwán, desde su expulsión, estos principios han sido reiteradamente violados, una situación que fue manifiestamente visible durante la crisis por el brote de Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS) de 2003; crisis que alarmó a la opinión pública mundial. El brote se originó en China, propagándose por países de todos los continentes, y causando 47 víctimas mortales en Taiwán.

Ante la urgencia de la situación el Ministerio de Salud de Taiwán y expertos médicos taiwaneses remitieron al director general de la OMS un escrito solicitando medios para contener la epidemia, solicitud que cayó en oídos sordos. La Organización Mundial de la Salud se negó a ofrecer cualquier tipo de asistencia, a suministrar a científicos de Taiwán las muestras de virus necesarias para investigar tratamientos y vacunas, o a enviar algún experto para asesorar al país en sus esfuerzos para contener un brote ante el que sus 23 millones de habitantes quedaron vulnerables.

Tras este bochornoso episodio, China y la Organización Mundial de la Salud firmaron un “Memorándum de Entendimiento” en el que establecieron criterios limitando las vías de solicitud y de procedimientos para permitir la participación de Taiwán en actividades organizadas por la OMS, su acceso a médicos expertos en epidemias, y la posibilidad de recibir asistencia técnica sanitaria.

De esta odisea Taiwán aprendió entonces una lección muy valiosa: la importancia de proporcionar ayuda médica y prestación sanitaria allí donde haga falta, en especial en los lugares menos asistidos del mundo, y por ello ha venido desde entonces desarrollando un programa con este objetivo.

El mencionado programa, bajo el lema “Leave No One Behind” (No Dejar A Nadie Sin Asistencia), consta de cuatro líneas de actuación.  Una primera enfocada a “Salvaguardar la Salud Global”, que toda la población tenga acceso a cuidados médicos, especialmente los menores; para ello equipos médicos de Taiwán prestan servicio en varias zonas del planeta, estos profesionales brindan atención clínica, ofrecen educación sanitaria, proporcionan entrenamiento a matronas y también llevan proyectos para mejorar la salud de las mujeres embarazadas y lactantes.

 

Campaña “Leave No One Behind”. Ministerio de Sanidad y Ministerio de Asuntos Exteriores, Taiwán (RDC)

La segunda línea de trabajo está dirigida a “Combatir Enfermedades Graves” mediante la implementación de 50 programas para erradicar enfermedades como VIH, tuberculosis, malaria, virus zika, ébola, dengue o gripe aviar.

La tercera línea tiene como objetivo “Construir las Capacidades Médicas” de los países en vías de desarrollo para ello entrena a sus profesionales médicos para mejorar la atención sanitaria; asesora en la creación de sistemas nacionales de salud, sistemas de información y gestión médica; también ayuda en la actualización del equipamiento sanitario. Y la cuarta línea de actuación es la “Asistencia Médica Humanitaria” ante desastres naturales, que proporciona a los países afectados equipos de intervención rápida para búsqueda, rescate y reconstrucción, suministros médicos, productos de primera necesidad,  y ayuda a los damnificados mediante donaciones.

La salud es un derecho humano sin ideología política y el acceso al conocimiento es esencial

Toda esta aportación y colaboración con la que Taiwán beneficia a la Comunidad Internacional resultaría más ágil y eficaz si pudiera tener acceso y conocer los protocolos de actuación y procedimientos operativos de la Organización Mundial de la Salud, así como intercambiar experiencias con los distintos profesionales de todo mundo; esto se ha podido constatar en la participación de Taiwán como observadora en la Asamblea Mundial de la Salud durante los últimos ocho años.

Desafortunadamente, Taiwán este año no ha sido invitada a asistir a la AMS;  pese a que la OMS y, por ende, la Comunidad Internacional defienden que el disfrute de la salud es un derecho humano fundamental sin distinción de ideología política, y que el acceso de todos los pueblos al conocimiento y asistencia sanitaria es esencial.

No es, por tanto, de recibo que sean criterios geopolíticos y cálculos geoestratégicos los que establezcan si se permite o no a Taiwán contribuir al desarrollo y mejora de la salud global, y el acceso de sus ciudadanos a la misma, presionando con denegar la invitación para participar en la Asamblea Mundial de la Salud o para cualquier otra actividad organizada en el marco de la OMS.

 

La autora, Shiany Pérez Cheng es docente en el Máster de Estudios en Asia Oriental. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Salamanca, la única en toda España que cuenta con asignaturas que configuran una línea de 'Estudios de Taiwán'.

 

 

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