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Un coche de la Guardia Civil, destrozado en Barcelona a finales de septiembre

La represión es de los golpistas

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La única represión existente en Cataluña es la del nacionalpopulismo que allí intenta imponerse. Pedirle más explicaciones al Estado de Derecho que a los golpistas es inadmisible.

 

 

Resulta sorprendente e indignante a partes iguales que, tras presenciar un Golpe de Estado dispuesto a conculcar la Constitución en Cataluña, sus inductores hayn conseguido situar en el primer plano del debate público la respuesta policial, por oden judicial, a la asonada.

No es justo ni serio, pero sí indiciario de un problema de mentalidad y madurez democrática en una parte de la sociedad española. ¿Cómo es posible que se pidan más explicaciones a quienes hacían su trabajo, especialmente cuando su trabajo era restituir la democracia, que a quienes se saltaron todas las normas legales para violentar la ley y la convivencia?

Cierto es que luchar contra la propaganda, que esparce ideas simples y emocionales, no es fácil: la imagen de un ciudadano herido "cuando solo quería votar" por un agente uniformado, por falsa y manipulada que esté en muchos casos, es difícil de responder explicando, sin más, que el Estado de Derecho tiene la obligación de imponerse y que las consecuencias para quienes no lo acepten pueden ser desagradables.

Pero que sea complicado no significa que no haya que hacerlo, y en ese sentido el Gobierno debe hacer un esfuerzo mayor y mejor: no eran grises, de infausto recuerdo por su papel durante el franquismo; sino Cuerpos de Seguridad muy profesionales cuya trayectoria democrática es impecable y merecedora del mayor reconocimiento.

Su kale borroka

Especialmente cuando los denunciantes son, básicamente, los mismos manipuladores que destrozaron coches de la Benemérita hace unos días en Barcelona; que precintaron 'simbólicamente' la Fiscalía en las mismas fechas, que apedrearon autobuses de turistas o que coaccionaron en sus propias sedes a partidos como el PP o Ciudadanos.

 

Tildar a España de opresora y a su Policía o Guardia Civil de represora es el último dislate de la mezcla de nacionalistas radicales y populistas

 

Tildar a España de opresora y a su Policía o Guardia Civil de represora es el último dislate de la mezcla de nacionalistas radicales y populistas extremos que se arrogan la representación de todo un pueblo para, con cualquier método, imponer su voluntad a costa de los derechos del conjunto de la sociedad española y catalana.

Que la prensa internacional, como buena parte de la nacional, haya comprado esa burda falsedad no ayuda a la imagen exterior de España, pero no cambia la naturaleza de los hechos ni la gravedad de las decisiones impulsadas desde la Generalitat y su formidable aparato de propaganda.

La represión del soberanismo

Ni en Cataluña se votó, pues el referéndum ilegal no fue más que una excusa para promulgar la independencia unilateral despreciando a España y a la indefensa población catalana que no es soberanista; ni tampoco hubo otra represión que la de la Generalitat y la muchedumbre movilizada al calor de sus soflamas.

Cada agente herido, y según Interior hubo más de 400, o expulsado de los hoteles donde se alojaban; es un escándalo inadmisible que evidencia hasta dónde están dispuestos algunos a llevar la revuelta golpista. Cada ciudadano maltrecho es, sin embargo, una prueba más de la violencia conceptual y de la manipulación sentimental del soberanismo, achcable en exclusiva a éste.

Por mucha tristeza que provoque una fotografía de un ciudadano herido y por mucho que haya que insistir en la necesidad de moderar la respuesta sin perder eficacia, conviene recalcar que en Cataluña los únicos represores son Puigdemont, su Gobierno y la entente de partidos y movimientos que están agrediendo al Estado de Derecho y después presentan la razonable respuesta como una afrenta intolerable.

 

 

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