17 de enero de 2018
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POR ANTONIO R. NARANJO

Una (humilde) carta a Echenique

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El autor remite otra de sus cartas al número dos de Podemos, reprochándole la demolición de la imagen de un país, España, que a él le ha tratado con inmenso afecto.

 

Querido Pablo,

Antes de nada, quiero decirte que me conmueve muy sinceramente tu afán de superación, el ejemplo de que no hay barrera física que pueda con un corazón, una cabeza y –perdóname la expresión- una capacidad testicular sobrehumana.

Tu talento, pundonor, sacrificio y mérito son tan incuestionables como un sentido del humor negro estupendo

Hay que tener muy gordo cada uno de esos tres atributos anatómicos para poder llegar a donde has llegado tú y para poder hacer lo que tú has hecho: la inmensa mayoría de personas con movilidad plena nunca estudiaremos la carrera que tú aprobaste, ni lograremos una plaza de investigador ni, por supuesto, influiremos en el país como tú lo haces desde la variada gama de cargos públicos que en apenas dos años has ostentado en Podemos.

Tu talento, pundonor, sacrificio y mérito son tan incuestionables como un sentido del humor negro que me encanta, como aquella vez que te presentaste a ti mismo como R2D2 posando al lado de Pablo Iglesias, tu Maestro Jedi.

Churchill decía que la imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser, pero el humor lo hace de lo que son. Hay que haberle dado un montón de vueltas al coco, sufrido, llorado, frustrado y reído para llegar a la conclusión de que, si uno tiene que ser el robot de algo o de alguien, merece la pena intentar ser el mejor robot y disfrutar además de ello.

Pero precisamente porque intuyo todo eso, no entiendo que alguien capaz de vencerlo todo sea incapaz de resistirse a las más baratas y bajas pasiones que alimentan, en no pequeña dosis, el combustible del partido y de los líderes en los que quieres ir de padawan.

Pelotear

Si alguien sabe lo que es el sufrimiento, la superación, el exilio y la búsqueda eres tú; y verte el primero en la fila de los bobos para pelotear a tus jefes es decepcionante. Tú mismo sabes que en España, con todos sus errores, lagunas, desperfectos, excesos y abusos; hemos creado un razonable Estado de Derecho, una sensata democracia y un meritorio Bienestar que no merecen ser resumidos con brochazos como los tuyos, los de Pablo, los de Urbán, los de Monedero y los de, por no alargarme, todos esos participantes en una hoguera medieval que a todos, sin excepción, os calienta el trasero y los riñones estupendamente. Aunque luego, como la buena de Rita Maestre, tengáis los santos ovarios de posar con un cartel de ‘Juventud sin Futuro’.

Hombre, lo único que tiene la juventud es precisamente futuro, y en el caso vuestro además un glorioso presente de cargos, sueldos y prebendas que no dan luego ni para pagarle los autónomos al tipo que te cuidaba.

Hablas mal de la España que te lo ha dado todo: sólo te ha faltado correr en Río y presentar Masterchef

Tú, que viniste de Argentina ya talludito, encontraste aquí una magnífica atención médica; desarrollaste tu capacidad intelectual en una universidad pública; lograste que ningún prejuicio estuviera por delante de tu capacidad para convertirte en investigador y, finalmente, pudiste ser eurodiputado, diputado autonómico y secretario de Organización de un partido financiado por todos los venezolanos. Perdón, por todos los españoles, quería decir.

Sólo te ha faltado –ahí va mi humor negro- formar parte de la delegación española de atletismo en los Juegos de Río, presentar Masterchef y dejar embarazada a la novia de Ronaldo.

Y yo, incauto, pensaba que alguien que había logrado todo eso por una perfecta combinación de esfuerzos personales y respaldo público; iba a ser el primero en defender a su país de acogida, por mucha crisis y mucho golfo coyuntural que aparezca.

Pero no. Ya te recuerdo dando una rueda de prensa frente a un hospital de Aragón para criticar el estado de la sanidad aragonesa y por extensión española, pero lo dejamos estar: no sé si la maravillosa y merecida silla de última generación que te transporta es cortesía de la Seguridad Social, se paga a pachas o has tenido que sufragarla tú con tu salario de cargo público; pero sí sé que en Argentina no consigues algo así. Y en Venezuela, ese país que tanto os pone, se conforman literalmente con darte un pañal y un orinal.

 

 

Tu talento y tus capacidades eran las mismas allí que aquí, pero sólo en España pudiste desarrollarlas: no eres tú el distinto, tú valía es idéntica en cualquier espacio geográfico, pero no en cualquier ámbito político, social y económico. Si vuestro amigo Marx, otra cabeza privilegiada que escribía mucho de las fábricas pero no pisó una en su vida, decía que el gran dilema de la humanidad es determinar si el hombre hace a las circunstancias o las circunstancias hacen al hombre; convendrás conmigo que en tu caso ha sido España la que te ha hecho a ti, poniendo tanto y de tanto valor de tu parte, por supuesto.

Podemos es un concurso diario de burradas. ¿A qué no hay huevos a decir que la Transición apesta? Y vais 8 o 9 y lo decís

Pero vas, coges y cacareas tú o alguno de los tuyos que España es una trama, que la corrupción lo es todo, que la sanidad es una mierda, que hasta Aragón tiene derecho a la independencia, que en Madrid hay miles de niños moribundos, que el gentilicio español debería ser cantimpalo, que tras 40 años de terrorismo somos unos aguafiestas si nos acordamos de los muertos, que el Gobierno nos amordaza y la Policía nos reprime, que la prensa está vendida o que firmar pactos contra el fundamentalismo islámico es de fachas insensibles.

Algunas de las menciones no son literales, pero sin duda recogen el espíritu de todas las barbaridades que decís en ese concurso diario que es Podemos: ¿A que no hay cojones a decir que la Transición es una cagada? Y vais ocho o nueve acémilas y levantáis la mano, la ceja o lo que sea menester.

Esta Nochevieja mismo tuviste el santo valor de poner a escurrir a todos tus rivales políticos, culpándoles en un memorable tuit del drama de los ciudadanos que no iban a disfrutar de la velada sin aportar a continuación, como era de esperar en quien  se permite esa diatriba, tus fotos de ese mismo día abriendo tu casa a los indefensos, redistribuyendo con ellos tu generosa retribución pública y probables ahorros o compartiendo el ternasco que merecidamente te metiste seguro entre pecho y espalda: cuando se llega a ese extremo de acusación a otros compañeros que, acierten o no, lo pasarán igual de mal que tú y que yo cuando ven a alguien sufriendo, uno tiene que predicar primero con el ejemplo.

Pero no, tú te limitaste a darte un homenaje a costa de la gente que está sufriendo, a atacar a los "medios de manipulación" como si todo Dios que escribe o habla tuviera una beca del Ibex 35  y a presumir de valores sin variar, que se sepa, tu hoja de ruta gastronómica y etílica:

 

 

Si el país que describís mientras vivís -y muy bien- de él fuera cierto, tú estabas en la puta calle deportado a Argentina o a Venezuela, y no lo digo por decir: en Cuba y en esas dos Arcadias es lo que hacen y han hecho durante lustros, y al que no le ponen de patitas o ruedines en la rue le enchironan como a Leopoldo López. O directamente le congelan en carbonita como a Han Solo en ‘El Imperio Contraataca’, querido R2. Ya entiendes a qué me refiero.

De Barcelona a Alcalá de Henares

A veces, como cuando ves al indeseable Pisarello ése, otro boludo de campeonato, quitando la bandera de España del Ayuntamiento de Barcelona con la media sonrisa de Ada Colau; o a vuestros cuatro concejales imputados de Alcalá de Henares insultando a la prensa por contarlo o al ejército de Pancho Villa de Carmena organizando cabalgatas de drags queens por Reyes; dan ganas de parecerse al país que caricaturizáis vosotros para comportarse como vosotros decís que nos comportamos.

El asunto es que vosotros os lo merecéis, pero nosotros no; y por eso tenemos que aguantarnos y ver cómo un menda como tú se sienta en la mesa, se come todo, se pega dos eructos, se llena tres tupper  para luego, pellizca el culo a tu hija, se lleva tu cartera para tomarse unas copas, te coge el coche prestado y, al final de todo, te dice que vaya mierda de velada.

De todas las cosas que tú, Iglesias, Errejón, Bescansa, Monedero y esa tropa habéis podido hacer en España; sólo os ha faltado una o dos, pero son las más importantes: trabajar un poco y pasarlo mal, de verdad, otro poco más.

No conocéis a la 'gente'

La inmensa mayoría de españoles de vuestras edades venimos de padres currantes, de abuelos de la guerra, de estudios pagados poniendo copas o echando horas en una nave, de alquileres compartidos, de hacer cola para un análisis en el único ambulatorio del pueblo, de carreras sin becas ni viajes erasmus, de trabajillos para ir tirando.

Si España fuera de verdad como decís, a ti y al tal Pissarello os deportaban a Cuba o a Venezuela

Pero también de un salto de la dictadura a la democracia a través de la Transición y de otro, paralelo, por convertirnos en un país moderno, con buenas infraestructuras, integrado en Europa, con educación y sanidad públicas y de calidad y, en fin, con un montón de virtudes que prevalecen sobre sus asquerosos defectos y excesos, y que entre otras cosas te han permitido a ti ser quien eres aquí.

No tenéis ni puñetera idea de quién es ni el pueblo ni la gente, aunque acuñéis imágenes míticas sobre todo ello para banalizarlo y a la vez explotarlo sentimentalmente, apoyandoos en la sensación que tenemos todos de que el futuro ya no es lo que era para prolongarla, cuanto más mejor, a ver si así pilláis todavía más cacho.

Eres un desagradecido, Echenique. O peor aún, un cínico. Uno de esos tíos que, como decía el periodista Henry-Louis Mencken, cuando huele flores, busca un ataúd alrededor. Ni siquiera has tenido el valor de salirte del soneto de tu partido en defensa del salvaje de Rodrigo Lanza cuando, tras asesinar a un tipo en Zaragoza, se supo que ya había dejado en el mismo estado que estás tú a un pobre agente de la guardia urbana, una barbaridad presentada por ti y los tuyos como un caso de montaje policial.

Si alguien tenía que entender la dimensión del caso eras tú, pero te has puesto de perfil o te has centrado en las amistades ideológicas de su última víctima, como si eso hiciera menos grave el crimen y más justificable que antes dejara a otro en una silla de ruedas como la tuya.

Con todo mi afecto, felices Reyes, Pablito, a ver si te traen un par de sacos de escrúpulos.

 

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