| 24 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez saludando a Yolanda Díaz en el Senado.
Pedro Sánchez saludando a Yolanda Díaz en el Senado.

Unidas Podemos se conjura para tensar la coalición con Sánchez sin romperla

Los morados marcarán distancias a cada paso y pondrán en aprietos al ala socialista del Consejo de Ministros en el curso que oficialmente empieza este martes. Pero sin pasarse.

| Antonio Martín Beaumont España

 

El Gobierno regresa al tajo tras las insólitas “vacaciones relax” de Pedro Sánchez, solo mínimamente interrumpidas para alguna acción de marcado perfil propagandístico. Y todo parece indicar que los dos socios que lo conforman volverán a las andadas, lanzándose su agenda y sus prioridades a la cabeza.

Si algo es Podemos es persistente. Y su estrategia de desgaste de las instituciones, incluso en el parón de este agosto de “Lucifer”, ha dejado claro lo que es prioritario en su orden del día, así que nada parece apuntar a que en septiembre las cosas vayan a ser diferentes. Es decir, los morados marcarán distancias a cada paso y pondrán en aprietos al ala socialista del Consejo de Ministros.

El amago de rebelión ciudadana en Cuba, el imposible precio de la luz, la devolución de los menores de Ceuta, el Rey y ahora Afganistán han evidenciado, otra vez, que Sánchez e Ione Belarra son agua y aceite, con una Yolanda Díaz que a estas alturas sigue pareciendo una convidada de piedra en la zona noble de La Moncloa.

 

Parece claro que tras su desastre electoral en las elecciones madrileñas del 4-M, confirmación de un declive sin freno en las últimas citas electorales, la nueva cúpula del partido de los círculos ha trazado una estrategia que pasa por pelear de nuevo con los socialistas por el caladero electoral de la izquierda.

Porque, aun sin convocatorias a las urnas en el horizonte, Belarra está ante el precipicio de no saber cuál va a ser la reacción de sus votantes sin Pablo Iglesias como cartel y con buena parte de la agenda morada bloqueada por Sánchez. Ni renta básica, ni banco público, ni ley del alquiler, ni subida del salario mínimo, ni derogación de la reforma laboral. Nada de eso logró Iglesias y parece menos probable que lo vaya a lograr la “vicepresidenta Díaz” en los próximos meses.

Yolanda Díaz, Irene Montero e Ione Belarra.

 

En cualquier caso, Belarra y su equipo son conscientes de que las acciones de Podemos siguen cotizando a la baja en el parqué electoral. Como las del PSOE. Pero si de algo no tienen duda es de que Pedro Sánchez cuenta con “armas” para intentar revertir su desgaste: el reparto de 140.000 millones de euros de Europa, la ansiada inmunidad de rebaño y el arsenal político que conforman el BOE, el CIS o RTVE junto al enorme aparato de propaganda gubernamental.

La ruptura ni se contempla

Así que pese a las riñas públicas en Twitter -que las habrá aún con más frecuencia- y la decisión de Podemos de seguir acosando a los ministros socialistas más achicharrados, como ha podido comprobar estos últimos días Fernando Grande-Marlaska, nadie maneja la hipótesis de la ruptura. Ni en la sede nacional de los morados ni en Ferraz.

En primer lugar porque, si Sánchez se queda solo y decide pulsar el “botón nuclear” que solamente él maneja a su antojo, el de la convocatoria de elecciones generales, en el partido de los círculos nadie quiere asumir el coste que supondría aparecer ante el electorado de izquierdas como el que abrió la puerta de La Moncloa al centroderecha.

Fuera del Gobierno hace más frío que dentro

En segundo término, porque, como decía Giulio Andreotti, en el Gobierno hace frío, pero más lo hace en la oposición. Y nadie mejor que Ione Belarra y Yolanda Díaz saben la enorme agencia de colocación de dirigentes podemitas con nómina a cargo del dinero público que la presencia en el Gobierno conlleva desde el “pacto del abrazo”.

Yolanda Díaz o Ione Belarra, ahí sigue residiendo el quid de la cuestión

Y aún hay una tercera circunstancia muy presente en la estrategia de futuro de Podemos: resolver la incógnita de quién será finalmente el referente del partido en los próximos años: si, como dejó diseñado Iglesias, es Díaz la que levanta su propio proyecto más “integrador”, o si es Belarra la que devuelve a las siglas a las esencias más populistas y antisistema.

Por eso habrá en las próximas semanas mucho ruido pero pocas nueces. Postureo para empujar de nuevo al PSOE a “la casta y la vieja política”. Pero, ya se sabe: el que rompe paga. Y aunque ambos se fustiguen, ninguno querrá pagar la costosa factura de cerrar la puerta al salir.