| 08 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

Andalucía y los "idus" de julio obligan a Sánchez a maniobrar a la desesperada

El batacazo electoral en Andalucía y la inacción del Gobierno han provocado que Sánchez tire, otra vez, de renovaciones en Ferraz y Moncloa

| Esther Jaén España

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Poco había que hacer en las elecciones andaluzas o esa conclusión sacó Pedro Sánchez la última semana de campaña. Aunque los trackings que manejaban en el PSOE no predecían con claridad una mayorá absoluta del PP, el presidente del Gobierno supo que pintaban bastos y que, cualquier cosa que se hiciera desde La Moncloa para intentar congraciarse con el electorado andaluz sería  considerado un gesto electoralista y, por tanto, rechazable e incluso punible, y quedaría, además, abrasado por el “mal resultado” y las lecturas sobre el descontento ciudadano que se harían (como se han venido haciendo durante toda las semana poselectoral) que, en buena medida, responsabilizan a Pedro Sánchez del desaguisado, ya sea por haber propiciado una guerra fratricida en el PSOE andaluz, por haber designado a un candidato, Juan Espadas, que no logró conectar con la mayoría del electorado, ni movilizó a un votante que otrora acudía en tropel a las urnas ante el toque de corneta de la cofradía del puño y la rosa, o por el rechazo que su política de alianzas genera en su propio electorado. 

Visto el aluvión de críticas que se le venía encima, Sánchez decidió dar patada hacia adelante y guardarse la baza del paquete de medidas que presentaba este fin de semana, para hacer frente a la inflación y, por supuesto, para tratar de recuperar parte del pulso perdido con el electorado. El presidente del Gobierno ha querido transmitir (comentan en su entorno) que ha entendido el mensaje de las urnas y que se dispone a reaccionar fijando como objetivo prioritario los más desprotegidos y las clases medias. 

A ellos ha dirigido el paquete de medidas recién aprobadas por el Consejo de Ministros y, si los idus de julio le son favorables, espera frenar el desánimo generado en aquellos votantes que un día votaron por el PSOE y en este momento acarician la posibilidad de depositar su confianza en un Alberto Núñez Feijóo que, siendo de los líderes con más solera del PP, menos vinculado está al pasado más oneroso de la familia popular, con sus Gürtel, Kitchen y demás escándalos. 

El presidente Sánchez se ha preparado un arranque “estelar” del mes de julio, con la Cumbre de la OTAN, que se clausurará el próximo día 30, para que julio arranque con su galería de fotos – la de Sánchez con el presidente de EE.UU, Joe Biden, en el lugar más destacado – y de reconocimientos, felicitaciones y parabienes a España y a su presidente. 

Pero eso servirá de poco o nada si el aumento del 15%  las pensiones no contributivas, el cheque de 200 euros mensuales en concepto de  ayudas a las familias que ingresan menos de 14.200€ al mes y el resto de medidas aprobadas en el último Consejo de Ministros no llegan a los bolsillos de los ciudadanos, porque la previsión -y Sánchez y su equipo lo saben, como también lo tienen claro ya en la UE- es que los precios no se estabilicen y la inflación nos acompañe durante una buena temporada. 

Por ello, el siguiente paso del presidente será airear bien el debate de quienes se oponen a dichas medidas y por qué. Tratará en este punto de ponérselo difícil al PP y a sus portavoces y, en medio de este debate, llegará el debate sobre el estado de la nación, en el que Sánchez está convencido – según su entorno- que puede ganarle la partida a la portavoz del PP, Cuca Gamarra, mientras el jefe de filas Feijóo se convierte en un espectador en este acto parlamentario que lleva años sin celebrarse. Sánchez prepara cambios en el partido mientras esboza su plan de recuperación que irá  in crescendo a partir del otoño. Como siempre, repiten desde su entorno, es el principal convencido de que va a lograr su propósito… si los idus de julio y sucesivos le son favorables.