| 15 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

A Sánchez le obsesiona el mensaje y aparta a los mensajeros

Pedro Sánchez da por hecho que la bronca con sus socios de gobierno por su compromiso atlantista no le resta un ápice de apoyos electorales.

| Esther Jaén España

 

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Más que satisfecho por el resultado y la repercusión de la celebración de la Cumbre de la OTAN en Madrid, Pedro Sánchez, tiene que volver a la realidad cotidiana: reemplazar el traje de gala por el mono de trabajo y empezar a lidiar con unos socios de gobierno que siguen, entre levantiscos y cainitas, complicándole la existencia al presidente del Gobierno.

Pero el principal problema para Sánchez no será sacar adelante el compromiso (o la parte que corresponda en este año y medio que falta para la celebración de elecciones generales) de incrementar el gasto en defensa y, por consiguiente, la contribución de España en la Alianza Atlántica, sino la lucha contra los efectos de la inflación, o contra la recesión económica que se avecina y hacer no sólo que surtan efecto las medidas aplicadas, sino que los ciudadanos lo perciban así. 

Pedro Sánchez da por hecho que la bronca con sus socios de gobierno por su compromiso atlantista no le resta un ápice de apoyos electorales, más bien al contrario, le favorece y considera cubierto ese flanco, porque está convencido de que el PP, con Alberto Núñez Feijóo  al frente, no sólo apoyará, sino que cumplirá, si llega al Palacio de la Moncloa, con el compromiso recientemente adquirido por España. “Son cuestiones y compromisos de Estado”, señala uno de los colaboradores monclovitas del Presidente, mientras recuerda que Sánchez también apoyó al Gobierno de Mariano Rajoy cuando hubo que aprobar el artículo 155 para Cataluña.

 

A Pedro Sánchez le obsesiona que la ciudadanía visualice que hay formas distintas de afrontar las crisis económicas y que, si en la crisis de 2008 la respuesta planteada desde la UE, conocida como el “austericidio”, provocó dos tipos de ajustes durísimos, tanto por puesto de trabajo como por salarios, dejando a millones de personas en la cuneta, en la actualidad, eso no ha sido así: frente a la pandemia ha habido ERTEs, la gran mayoría de las personas han mantenido sus puestos de trabajo y se abren nuevas expectativas con los fondos europeos…Sánchez no pierde demasiado el tiempo en la explicación de por qué la UE y sus dirigentes llegaron a la conclusión de que la ciudadanía no soportaría un nuevo “austericidio” frente a la crisis provocada por la pandemia, motivo por el cual todos los mandatarios europeos han podido afrontar de modo distinto la presente crisis, pero le obsesiona que los ciudadanos no lo reconozcan y agradezcan convenientemente.

Tanto es así que Pedro Sánchez ha llegado a la conclusión de que existe una conjura de los poderosos que son capaces de crear un clima de opinión contrario a cualquier cosa que haga el Gobierno. La cosa - entiende Sánchez- va de comunicación y de quienes comunican o, mejor dicho, no han logrado comunicar correctamente la labor del Gobierno. Por eso, Sánchez quiere hacer cambios. Quiere, pero no puede. No puede hacer un gran cambio de Gobierno si sus socios de Unidas Podemos no lo tienen a bien y no quiere precipitarse acometiendo una renovación de sus ministros antes de tiempo.

Ese impulso que entiende que pueden darle al partido tiene que producirse lo suficientemente próximo a los comicios municipales y autonómicos para tener utilidad, según ha comentado a los más cercanos, por lo que descartan una crisis de Gobierno, en este momento. Tampoco puede hacer una crisis entre los dirigentes del PSOE, porque sus miembros son elegidos por el Congreso Federal y el último se celebró el año pasado.

¿Qué le queda, pues? Retoques en el Congreso y retoques en el partido. Por eso, los portavoces, las caras visibles tanto de Congreso como del partido se tientan la ropa. A Sánchez le obsesiona el mensaje, pero le limitan las circunstancias. Por ello, se dispone a sacar el bisturí y acometer un cambio “quirúrgico”, porque entiende que, a partir de ahora, tiene que haber un punto de inflexión que cambie la tendencia a la baja del PSOE mientras se agota el “efecto Feijoo”. Y si le falla el plan A, tiene un B y hasta un C.