| 08 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez en su balance del  curso político.
Pedro Sánchez en su balance del curso político.

Sánchez se va de vacaciones en su "burbuja" y tras volar los puentes con Feijóo

Ni la renovación del TC, ni la Ley de Secretos Oficiales, ni el plan de choque energético. El presidente da la espalda al PP y baja la "persiana" dibujando una España de fantasía.

| Antonio Martín Beaumont España

 

Pedro Sánchez acumula ya otro dudoso honor: ser el presidente del Gobierno que menos ha levantado el teléfono para conversar con el líder de la oposición y, por lo tanto, su alternativa. Y si no ha conversado, menos aún ha tratado de consensuar las grandes políticas de Estado con Alberto Nuñez Feijóo.

En está última semana de balance y acelerón antes de las vacaciones ha dejado tres pruebas palmarias de su actitud. La renovación del Tribunal Constitucional, la reforma de la Ley de Secretos Oficiales y el plan de ahorro energético, convertido en un trágala para las Comunidades Autónomas, las que lo tendrán que aplicar.

Pocas imágenes resumen mejor el curso político que se cierra que Pedro Sánchez montándose en el helicóptero Súper Puma para recorrer los veintiséis kilómetros que separan La Moncloa de la Base de Torrejón, donde le esperaba el Falcon rumbo a los Balcanes. Un derroche de hipocresía y queroseno después de protagonizar el “show de la corbata” como medida estrella para combatir la crisis energética. Sanchismo en estado puro.

El balance que el viernes diseñaron algunos de los 383 “rasputines” al servicio de Sánchez fue, en realidad, otro ejercicio de escapismo. Ni Copperfield ofrecería un espectáculo similar. El líder del PSOE es un maestro en invertir la carga de la prueba. Claro. Vive fuera de la realidad del país. Parece como si su existencia presidencial consistiese en un metaverso por el que deambula sin poder salir. Eso sí, a cuerpo de rey.

 

Es imprescindible una alta dosis de cinismo para ponerse delante de los españoles y afirmar sin ruborizarse que los buenos datos son gracias a su gestión y los fracasos son culpa de un conglomerado impreciso empeñado en boicotear su ejemplar gobernanza.

Porque, de lo malo que nos pasa -que parece que no es poco-, Sánchez señala con su dedo desde el PP hasta “Botín y Galán”, pasando por Putin. Bueno, también a la pandemia, a un volcán y a una guerra puestos ahí para ocultar la diligencia y unidad que caracteriza a la coalición progresista que rige nuestros destinos.

 

Sánchez, descorbatado, durante su balance del curso político que ofreció el pasado viernes.

 

De algunos “sucesos” que han escandalizado a la opinión pública, Sánchez no sabe nada. O, al menos, nada dijo de ellos. Ni mu sobre el controvertido vuelco de nuestra política internacional respecto al Sáhara, ni sobre qué hay detrás del espionaje con Pegasus que ha puesto el CNI patas arriba.

Preguntas sin respuesta

¿Va a adoptar alguna medida en su partido tras las condenas del Supremo a Chaves y Griñán, al menos para que el erario público recupere los 680 millones de euros desfalcados durante tres lustros seguidos de corrupción de sus conmilitones?

Tampoco lo mencionó. ¿Y qué decir del drama del 11% de inflación que asfixia a millones de familias? Pues que al presidente sólo se le ocurrió advertirnos de que, si no fuese por él, los precios estarían más caros. Como le dijo el crudo paisano zamorano en el incendio de su pueblo al que acudió Sánchez: “¡Tú que vas a arreglar!”

Los silencios del líder socialista en ese auto-homenaje en “prime time” que le organizaron para despejar su retiro vacacional sonaron, en realidad, a acusaciones. Porque dejó sin aclarar preguntas que se hacen los españoles.

¿Considera que su Gobierno está cohesionado y preparado para afrontar los recios tiempos económicos que vienen? ¿De verdad resulta efectivo linchar a empresas señeras que son embajadoras de España en el mundo para dar combustible a los socios de izquierda radical que allanan su poder?

Es imprescindible una alta dosis de cinismo para ponerse delante de los españoles y afirmar sin ruborizarse que los buenos datos son gracias a su gestión y los fracasos son culpa de un conglomerado impreciso empeñado en boicotear su ejemplar gobernanza.

Tampoco aludió a la mano tendida de Alberto Núñez Feijóo para que el país reme en la misma dirección. Al revés, si algo tuvo para la oposición fueron descalificaciones. ¿Cree Sánchez que junto a Unidas Podemos, Bildu y ERC va a lograr sortear el tiempo de tormenta que llega?

 

Absoluto silencio sobre si dispone de un plan para ir reduciendo el déficit y la gigantesca deuda pública en caso de que nuestros acreedores empiecen a apretarnos el cinturón. O sobre si es rentable para los ciudadanos el asalto del Gobierno a instituciones como la Justicia y el Tribunal Constitucional.

Sánchez, por no hablar, ni tan siquiera se refirió a si tiene “plan B” en caso de que su partido sufra en mayo un nuevo varapalo electoral en las municipales y autonómicas, como ya le ha sucedido en Madrid, Castilla y León y Andalucía. ¿Se le habrá pasado alguna vez por la cabeza que sus ocurrencias ya no cuelan y que tal vez el problema pueda ser él y su gestión errática?