| 16 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Montero escuchando a Iglesias anunciar que dejaba todos los cargos en Podemos.
Montero escuchando a Iglesias anunciar que dejaba todos los cargos en Podemos.

Irene Montero asume que su imagen está tan abrasada como la de Pablo Iglesias

La ministra de Igualdad no goza ya ni de las simpatías de parte de sus votantes. Su nuevo papel en Podemos estará más en la retaguardia que ante los focos. El "caso niñera" ha sido el remate

| L. Moro España

 

Irene Montero es consciente de que su imagen está tan abrasada como la de Pablo Iglesias, porque durante años han sido una sociedad indisoluble. Concretamente desde que el líder morado la nombró portavoz del grupo parlamentario en el Congreso en sustitución de Íñigo Errejón, a principios de 2017. 

Tan es así que la ahora ministra de Igualdad desechó la posibilidad de ser la candidata a las elecciones madrileñas -el haraquiri de Iglesias no era la primera opción, sino más bien fue la última- y tampoco ha presentado la más mínima batalla para suceder a su pareja al frente de Podemos. 

En Unidas Podemos (la coalición con IU y otras confluencias) la elegida es Yolanda Díaz. En Podemos, Ione Belarra, recientemente ascendida a ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030. Una mujer mucho menos conocida que Montero y, por tanto, menos controvertida.

 

Montero se quedará detrás de Belarra y orgánicamente será una pieza importante en el nuevo Podemos que salga de Vistalegre IV, pero ante las cámaras su protagonismo será cada vez menor. Más retaguardia, menos foco.

No es casualidad que tras el 4-M la ministra eligiera para reaparecer una reunión con el presidente de la Liga, Javier Tebas, en la que también participó Belarra.

 

El caso niñera, la presunta utilización que Montero hacía para fines personales de una asesora suya en el Ministerio de Igualdad y antes en el Congreso (Teresa Arévalo), ha acabado por hundir su imagen. 

De hecho el CIS de abril fue, para la titular de Igualdad, la constatación de que ha perdido el apoyo de la calle. En ese barómetro los encuestados situaron a Montero como la ministra peor valorada, con un 3,5 sobre 10. Frente al 5,2 de la titular de Trabajo y futura candidata a la Presidencia del Gobierno de Unidas Podemos, Yolanda Díaz.

Lo más sangrante es que ni siquiera sus votantes suscita ya grandes simpatías: estos le ponían una nota media de 5,8, aprobado justo.

Montero cree que ha sido víctima de una campaña de descrédito similar a la de Iglesias. Además, el Gobierno tampoco es el refugio dorado, puesto que allí tiene una enemiga poderosa: la vicepresidenta Carmen Calvo.

El penúltimo enfrentamiento entre ambas se saldó a favor de la segunda: Calvo frenó el proyecto de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual a las puertas del Consejo de Estado (el órgano consultivo que falta por dar su opinión) para ahorrarse otro bochorno como el del CGPJ. Que fue muy crítico en su informe, conocido en febrero. 

Ni la conocida como ley del solo sí es sí le queda como consuelo.