| 19 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y Gabriel Rufián en la investidura del primero
Pedro Sánchez y Gabriel Rufián en la investidura del primero

Pedro Sánchez amenaza con "independizarse" de los independentistas

El líder socialista intenta no perder el apoyo separatista y a la vez no alimentar sus planes más radicales. Y cree tener clara la manera de cuadrar ese círculo.

| Esther Jaén España

 

 

Ahora que el  souflé catalán ha dado un bajonazo considerable, anda Pedro Sánchez deshojando la margarita sobre la conveniencia o no de asistir a finales de esta semana a la reunión de la mesa política sobre Cataluña.

El presidente del Gobierno quiere evitar a toda costa una “encerrona” del independentismo que, si bien anda mermado de apoyo popular, con respecto a lo que fueron sus años más vigorosos, tal como se ha podido comprobar este último fin de semana en la respuesta mucho menos multitudinaria a la tradicional convocatoria de la ANC, en apoyo a la independencia, sigue teniendo una nada desdeñable capacidad de complicarle esta segunda parte de la legislatura.

No son solamente los votos que necesita de ERC para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado (PGE), sino la capacidad que aún conserva el mundo independentista de envenenar calles y convivencia en toda Cataluña y volver a anclarse en la crispación nuestra de cada día en todo el territorio nacional.

 

El presidente del Gobierno es consciente de que necesita al independentismo adormecido y dividido si quiere poder optar a revalidar en las urnas otros cuatro años su mandato. Tiene claro, asimismo, que ni con el independentismo mermado será tarea fácil remontar a las encuestas.

Por ello, para esta nueva etapa de la legislatura, en la que ha decidido ser el portador de las buenas noticias y anuncios que se le pongan a tiro y que pase de él cualquier trago amargo e impopular, Sánchez no quiere verse inmerso en debates sobre imposibles jurídicos ni metafísicos, como los principales puntos que el mundo independentista amenaza con situar en el frontispicio del orden del día de la mesa política: amnistía, autodeterminación, independencia, etc.

El presidente ha dado orden a los suyos de trabajar sobre cuestiones administrativas, jurídicas y legislativas, o sobre la construcción de infraestructuras, siempre que estén dentro de nuestro ordenamiento jurídico. Pero… ¡ni media broma con embarcarse en potenciales concesiones imposibles o inviables jurídicamente!

Es posible que Sánchez se arrime al conflicto catalán, sí, pero solamente si considera que le puede reportar algún beneficio

A tal punto llega la voluntad de Pedro Sánchez de no alimentar polémicas que le generen desgaste y hagan zozobrar sus aspiraciones de permanencia al frente del Ejecutivo, que fuentes monclovitas aseguran ya que si el apoyo presupuestario de ERC lleva consigo una hipoteca imposible de asumir “prorrogamos los PGE 2021 y punto”.

¿Es una amenaza? Lo es en toda regla.

En el capítulo catalán, Pedro Sánchez necesita, en su nueva versión, aparecer ante los ojos de su potencial electorado como aquel que amansó a la fiera independentista y, de no poder con ella, el que la enfrentó látigo en mano y con pulso firme, en este último tramo de legislatura.

El balance catalán de Sánchez

Sánchez prepara ya su balance de gestión ante el electorado, dentro de dos años y, desde Cataluña, el ex ministro Salvador Illa le susurra mil y una maneras de dividir a un independentismo, que, más allá del objetivo común recurrente, es tan difícil de unir como agua y aceite y que alberga en su seno a hordas de exaltados, dispuestos a acudir a abuchearse los unos a los otros e incluso a los de uno mismo, como han hecho con Oriol Junqueras, con el president Pere Aragonès o con casi todos aquellos que han asomado el bigote por los actos institucionales de la Diada de Cataluña este fin de semana.  

El primer golpe de efecto o toque de atención, según se mire, lo ha dado Pedro Sánchez, con la suspensión de las obras de ampliación del Aeropuerto de El Prat: “Pónganse ustedes de acuerdo y ya nos avisan cuando lo logren” les ha venido a decir la ministra de Infraestructuras, Raquel Sánchez y ha retirado con tremendo swing los más de 1700 millones de inversión que suponía convertir el Prat en hub internacional como consecuencia de esa ampliación.

 

Con la laguna de La Ricarda, paraje medioambiental, de fondo parece que Junqueras y Aragonès (líder de ERC y presidente del Govern que lidera ERC) tampoco se ponen de acuerdo: Aragonès quiere ese aeropuerto digno de una gran ciudad, con todo el impacto y los beneficios económicos  que le reportaría a su territorio, pero Junqueras se inclina por la vía ecologista y por tener la fiesta en paz con los de la CUP, por no tener que caer rendido en brazos del PSC de Salvador Illa en un futuro, cuando hablen de Presupuestos e incluso de la cuestión de confianza a la que Aragonès se comprometió a someterse dentro de dos años.

Con todo, es posible que Sánchez se arrime al conflicto catalán, sí, pero solamente si considera que le puede reportar algún beneficio a su nueva versión de “Renacido”.