| 16 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, el 8M
Pedro Sánchez, el 8M

La carrera feminista entre Sánchez y Podemos arruina también la causa del 8M

El pulso por encabezar el Día de la Mujer Trabajadora tiene ya unas consecuencias claras: las mujeres se alejan y su razonable causa queda enterrada en polémicas y excesos.

| Antonio Martín Beaumont España

 

 

No hay ocasión solemne que Pedro Sánchez no contamine con su obsesión por el marketing político y por sacar rédito electoral a su cargo de presidente del Gobierno. Se vio a las claras la pasada semana con el vergonzante episodio de la apisonadora para rentabilizar, de forma extemporánea, el fin (que no la derrota) de ETA. Y los españoles han tenido una nueva oportunidad de comprobarlo este lunes en los actos impulsados por La Moncloa con motivo del Día de la Mujer.

Desde hace una semana, la presencia del Gobierno “progresista” alrededor de una causa justa como es la reivindicación de los derechos de la mujer ha estado marcada por la mala conciencia de Sánchez por lo acontecido en marzo del pasado año, cuando disponía de los informes con todas las alertas sobre el Covid y no quiso neutralizar las masivas manifestaciones en Madrid para no asumir costes políticos entre su propio caladero de votos. Como tantas veces, priorizó la ideología a la salud. Y así nos ha ido.

 

En esta ocasión, vistas las evidencias, a Sánchez no le ha quedado más remedio que alejarse de una nueva exhibición callejera que hubiera indignado a los españoles de toda condición ideológica, empezando por los propios profesionales de la Sanidad -mujeres en su mayoría- que se están dejando la vida en el combate contra la pandemia. Pero, fiel a su estilo, el presidente del Gobierno ha vuelto a “secuestrar” la causa legítima del 8-M para sus propios intereses.

Mensaje interno

En primer lugar, inventándose un acto en el Ministerio de Igualdad con presencia suya, tratando de apaciguar la guerra sin cuartel que enfrenta a su vicepresidenta Carmen Calvo y a su ministra de Igualdad, Irene Montero. Le ha querido así enviar un mensaje en clave interna a Pablo Iglesias: “Si el Ministerio de Igualdad existe es gracias a mí, así que, lecciones, las justas”.

Incluso el  8-M ha sido utilizado como munición en el inacabable “tiroteo político” que socialistas y morados protagonizan desde el nacimiento de la coalición.

Pedro Sánchez llega a la causa feminista, como casi siempre en su carrera política, tarde y mal

Después, marca de la casa, tergiversando una conmemoración transversal para hacer política divisoria y de partido, agitando de nuevo el trampantojo de la derecha y la extrema derecha como si fuera solo la izquierda la que defiende la causa de las mujeres, y presentando a PP y Vox como peligrosos refugios de machistas y misóginos. Olvida Sánchez, como tantas veces, el pasado y las lecciones de la Historia.

Fue un gobierno de centro derecha, el de Adolfo Suárez, el primero que nombró a una mujer ministra: Soledad Becerril. Y fue otro del mismo signo, el del PP, el que llevó a otras dos mujeres, Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre, a las presidencias del Congreso y el Senado, dos de las máximas instituciones del Estado. Sánchez llega a la causa feminista, como casi siempre en su carrera política, tarde y mal.

 

Si algo han demostrado las mujeres en las últimas décadas es que no son manipulables políticamente. Que su valía está muy por encima de su carné. Que Isabel Díaz Ayuso (PP), Inés Arrimadas (Cs) o Macarena Olona (Vox) están tan empoderadas -por usar una palabra tan del gusto de la izquierda más populista- como Carmen Calvo, Irene Montero, Yolanda Díaz o Adriana Lastra.

Y ello por no hablar de que el presidente debería saber que en su propio gobierno tiene ministras, como Margarita Robles, que ya hacían causa feminista en los gobierno de Felipe González cuando él era aún un adolescente. Pero, eso sí,  ninguno de sus antecesores en La Moncloa tuvo nunca tanto afán de protagonismo como para acaparar los focos en una jornada semejante.