| 19 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Ayuso en moto con representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Ayuso en moto con representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Ayuso mete la directa en el final de una campaña que le ha ido rodada

Salvo en la imaginación del CIS, la izquierda no ha conseguido ponerse en ningún momento a la altura de la presidenta regional y candidata del PP, que siempre la ha mirado por el retrovisor.

| Antonio Martín Beaumont España

 

Se dice una y otra vez que en la campaña se está hablando demasiado de España y no tanto de Madrid. Es lógico. Aquí la política autonómica y la nacional se entremezclan con absoluta naturalidad. En la Asamblea de Madrid siempre se quejan de que son los grandes olvidados. Los debates en el Congreso de los Diputados tapan cualquier iniciativa que presenten los grupos de la cámara de Vallecas.

Y esta vez no iba a ser diferente. Al revés. Porque -nadie debería tampoco olvidarlo- si alguien forzó el adelanto electoral que nos ha llevado a la carrera del 4-M fue un irresponsable Pedro Sánchez, que jugó a aprendiz de brujo con Inés Arrimadas para ganar en los despachos, a través de fallidas mociones de censura, lo que las urnas no le habían dado.

Del mismo modo, quien dimitió como vicepresidente del Gobierno para ser candidato a diputado autonómico fue Pablo Iglesias, convirtiendo la política regional en un debate nacional para tratar de salvar su "modus vivendi" en Podemos.

Ahora, cuando las cosas no les pintan bien electoralmente, Sánchez e Iglesias no pueden mirar hacia otro lado para decir que son sólo unas elecciones autonómicas.

Sánchez e Iglesias se han dedicado a torpedear Madrid desde el Consejo de Ministros

Sí es imprescindible destacar una diferencia. Que retumba. Estos meses atrás, cuando la pandemia y sus consecuencias asolaban Madrid, al presidente del Gobierno no se le percibía inquieto por lo que ocurría en Madrid, sino más bien ocupado en poner trabas a los madrileños para desgastar a Ayuso y, con ella, al PP de Pablo Casado.

Tampoco ha hecho algo distinto Iglesias desde el Consejo de Ministros. Ni siquiera fue capaz de visitar alguna residencia de ancianos en lo peores momentos de muerte, pese a ser su responsabilidad porque en sus manos estaba el "mando único" durante el estado de alarma en la primera ola de enfermedad.

Sin embargo, Ayuso, y eso es lo que tanto se le valora, ha estado al lado de los madrileños contra viento y marea. No es alguien que "pasaba por aquí" y aprovechó para saludar. No. En todo momento ha estado al frente, próxima, cercana, sin encerrarse en su despacho, a pie de calle. No puede a nadie sorprenderle que ahora una sopa de madrileños de todas las siglas la respalden.

Tarjeta de presentación de Ayuso

La Encuesta de Población Activa lo dice claramente. Madrid, gobernada por el PP de Isabel Díaz Ayuso, ha confirmado que su modelo económico funciona. Todo lo contrario que el de quienes cerraron a cal y canto, sin salvar por ello más vidas y además condenando al hambre a muchos.

Tampoco la persecución irracional al que ha sometido el Gobierno de Pedro Sánchez a la Comunidad Autónoma ha impedido que el paro haya bajado un 10%, el mayor descenso del país, cinco veces superior a la media española. En Madrid ya se han recuperado el 70% de los puestos de trabajo perdidos por la pandemia.

José Luis Ábalos este viernes en Navalcarnero.

 

Las medidas de libertad impulsadas por Ayuso, tan criticadas desde la mesa oficial del Gobierno en La Moncloa, han sido todo un éxito y han salvado a cientos de miles de personas de caer en la miseria.

Obras son amores: la política de Ayuso de salvar vidas y economía era el camino correcto. Esa es su mejor tarjeta de presentación para el martes.

La "peccata minuta" del CIS

Todo les vale. Este es un Gobierno que utiliza cualquier cosa a la que pueda agarrarse para alargar la estancia en el poder de Pedro Sánchez. No le quedan ya rayas rojas que traspasar.

Ni el abrazo con la ultraizquierda de Pablo Iglesias (que le iba a "quitar el sueño"), ni el pacto con condenados por un delito de sedición para romper España, ni darse el pico con Arnaldo Otegi, heredero de la ETA.

Ante lo cual hasta parecen cuestiones menores utilizar TVE, nombrar fiscal general como Dolores Delgado (hasta dos días antes ministra de Sánchez), controlar el órgano de Gobierno de los jueces o decretar un estado de alarma interminable para cerrar el parlamento. Pero no lo son, aunque la desmesura del sanchismo haga que los españoles nos vayamos acostumbrando a que "son capaces de todo". Se está normalizando la anormalidad democrática. Y esto es peligrosísimo.

Por eso, cuando veo que José Félix Tezanos, militante sanchista, sigue haciendo encuestas con el CIS para dárselas a La Moncloa, pese a estar prohibido, casi casi te encoges de hombros. Peccata minuta. Pues no.

La democracia no es sólo votar cada cuatro años. Existen formas que son inaceptables. Por desgracia, Pedro Sánchez nos está habituando a modos que son más propios de líderes autocráticos que de situaciones democráticas.