| 18 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Una manifestación contra Brahim Ghali
Una manifestación contra Brahim Ghali

Otra batalla entre Laya y Marlaska por Marruecos obliga a Sánchez a decidir

La crisis de Ceuta deja maltrecho el futuro de dos ministros que se han dejado jirones en un conflicto que les ha enfrentado a ambos: ahora decide el presidente cómo salir del atolladero.

| Esther Jaén España

 

 

Avalanchas en la ciudad de Ceuta y saltos en la de Melilla, centenares de inmigrantes marroquíes en situación irregular deambulando por Ceuta y otros tantos apiñados en Centros de Acogida, una llamada a consultas al embajador español, Ricardo Díez Hochleitner por parte de Rabat y la intervención crítica con Marruecos de  la UE, frente a la pasividad cómplice de EE.UU son hechos que se han ido atropellando en la profunda crisis diplomática que mantiene a nuestro país y al reino Alauita en tensión desde que se dio a conocer que el presidente de la República Árabe Saharaui, Brahim Ghali estaba siendo tratado “de incógnito” en un hospital de Logroño de un COVID 19 que a punto estuvo de costarle la vida.

Por si fuera poco, la Audiencia Nacional ha citado al Presidente Saharaui (no reconocido por España, pese a todo) tras dar trámite a la denuncia que pesa contra él por presuntas torturas, desapariciones, asesinatos y secuestros ¡Más madera, que el conflicto está que arde! ¿Y ahora qué? Es la pregunta que va de boca en boca en el seno del Gobierno y que ha vuelto a abrir una batalla entre el Ministerio del Interior y el de Asuntos Exteriores, ya que sus titulares, Fernando Grande-Marlaska y Arancha González Laya, respectivamente,  tienen visiones distintas a la hora de plantear una salida más o menos honrosa, que permita cerrar la crisis con Marruecos.

“Esta vez será el presidente del Gobierno -aseguran fuentes monclovitas- quien decida los pasos a dar”. Pero mientras eso no se produzca, Fuentes del Ministerio del Interior consultadas por ESdiario insisten en que “Si Ghali se presenta ante la Audiencia Nacional y se judicializa este asunto, se nos queda en España y no podremos cerrar esta crisis con Marruecos de ninguna manera”.

 

Vamos, que dicho román paladino, en Interior suspiran por una “fuga” de Ghali y que el buen hombre lleve consigo tanta paz como descanso deja.

Partidarios de la “real politik” desde el principio, tanto Marlaska como sus colaboradores advirtieron que Ghali no podía ser trasladado a España ni siquiera de forma clandestina, porque a los servicios secretos marroquíes les costaría cinco minutos averiguar sobre su estancia hospitalaria.

Marlaska y Laya son dos “patos cojos”, que tienen sus días contados con la crisis que Pedro Sánchez prepara para el próximo otoño

Pero la ministra González Laya insistió en que era una cuestión humanitaria, desoyendo no sólo las advertencias de Interior, sino también las de otros funcionarios que cuentan con una amplia hoja de servicios en el  Ministerio de Asuntos Exteriores y que vislumbraron en el horizonte los negros nubarrones que se cernían sobre la diplomacia española con la llegada de Ghali a nuestro país, a pesar de su pasaporte diplomático argelino y de la supuesta discreción con que se habría realizado ese traslado.

La versión de González-Laya se apoya en el hecho de que desde su departamento se avisó a Argelia de que sobre Ghali pesaba la denuncia por la que hoy le reclama la Audiencia Nacional y que, por tanto, podía ser reclamado por la justicia.

Desde Interior deploran, en cambio, el hecho de que no fuese tan diligente a la hora de “avisar” a Marruecos de la posibilidad de que Ghali viniese a España. Si atendemos a las sensaciones que transmiten tanto desde Interior, como desde Exteriores, Marlaska y González-Laya son dos “patos cojos”, que tienen sus días contados en el Gobierno y que tienen su nombre grabado en mármol entre las lápidas gubernamentales que Pedro Sánchez prepara para el próximo otoño.

Decide Sánchez

Será Sánchez personalmente -señalan desde el PSOE y desde ambos ministerios en conflicto-  quien tome la decisión final entre las posibles opciones: la de Interior, que salga de España ahora que está ya recuperado milagrosamente de su estado casi terminal igual que entró, que no pase por la Audiencia Nacional, ahora que no hay ninguna medida cautelar dictada que pese sobre él y  que a nadie se le ha ocurrido investigar su entrada con un pasaporte diplomático argelino de forma aparentemente irregular.

 

O la de Exteriores, dejar que todo “fluya” y apoyarse en la UE y en la propia contestación interna que han tenido las autoridades marroquíes dentro de su país, por el “efecto bumerán” de lo que ya se está leyendo en el país vecino como una política que empuja a los suyos a aventurarse a la inmigración ilegal.

Que cada palo aguante su vela, que Brahim Ghali se reponga cuanto antes y que Sánchez dé con la tecla adecuada. Pero si no lo hace, siempre tendrá un “bobo contemporáneo” como Carles Puigdemont, que aporte su malicioso granito de arena, siempre bajo el prisma de que “a España, cuanto peor, mejor”.