| 18 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Iglesias e Irene Montero durante un acto en Getafe.
Pablo Iglesias e Irene Montero durante un acto en Getafe.

Podemos ya debate sobre la dimisión de Iglesias si el 4-M hay una catástrofe

La formación se prepara para el peor escenario: quedar quintos, con la mitad de escaños que Más Madrid y sin mayoría de izquierdas a la vista. ¿Qué hacer el día después? He ahí la cuestión.

| Antonio Martín Beaumont España

La convocatoria anticipada de las elecciones en Madrid ha tenido, entre otros efectos, la salida del Gobierno de Pablo Iglesias para tratar de “salvar los pocos muebles” que le quedan en Podemos. Naturalmente, son muchos los que han visto con alivio que un personaje así se aleje de organismos como el CNI, que en su mano eran todo un peligro.

Si algo se ha ganado el líder morado en estos años es muchos enemigos. Ojo, no sólo en la derecha. En la izquierda hay gente que le tiene aún más ganas. "¿Qué puedo votar para hacerle más daño a Pablo?”, se preguntan ilustres “progresistas”.

Ya se sabe: en nuestro país, mucho voto se ejerce a la contra. Y contra Iglesias van a ir muchos a depositar su papeleta el martes próximo. También, desde luego, contra Pedro Sánchez.

El martes habrá mucho voto contra Iglesias y también contra Sánchez

De momento, y esto es significativo, incluso dirigentes en las filas de Podemos dicen ya abiertamente que si, como apuntan los sondeos, Isabel Díaz Ayuso gana con holgura y Mónica García dobla en diputados a Iglesias, lo que deberá hacer el “asaltacielos” es recoger su despacho y marcharse de la política rápido y sin demasiado ruido.

El PSOE pagará los platos rotos

El PSOE provocó las elecciones en Madrid con su torpe actuación en las mociones de censura fallidas de Murcia y Castilla y León (con la participación estelar, a la desesperada, del Cs de Inés Arrimadas). Isabel Díaz Ayuso no se dejó sorprender, conocedora del percal de gente tan desleal como Ignacio Aguado y convocó a los madrileños a votar el 4 de mayo.

A partir de ahí, los estrategas monclovitas se han parecido más a “Pierre Nodoyuna” que a los doctores en Harvard que nos "vendían" se rodeaba Pedro Sánchez desde que se encumbró en el poder.

El equipo de Iván Redondo apuntó, primero, al votante de centro. Para eso Ángel Gabilondo era el candidato ideal. Pero, para sorpresa de La Moncloa y Ferraz, los madrileños no les compraron el mensaje. Era difícil “tragarse” que no pactarían con Pablo Iglesias ni subirían los impuestos, como prometieron, quienes habían hecho todo lo contrario desde La Moncloa, abrazando incluso a sediciosos separatistas condenados y a Arnaldo Otegi.

 

Entonces los lumbreras del palacio presidencial cambiaron de reglas: “Pablo, tenemos 12 días para ganar”, dijo Gabilondo en el debate en televisión. Error descomunal. La foto del “bloque de izquierda” da miedo a la mayoría de la gente, incluidos muchos socialistas, porque saben que quien mandaría ahí sería el "primo de Zumosol" de Podemos.

Pero, claro, el líder morado no hace prisioneros. En cuanto vio que Gabilondo había caído rendido apretó el paso y rompió la campaña. Jugó su partido. Donde se siente más cómodo: la bronca. Abandono el plató de la SER con excusas de mal pagador, gritó por cada esquina el “no pasarán”, exacerbó el guerracivilismo, las piedras y las balas... en fin, el repertorio de todo lo más ultra y antisistema, puesto a su servicio para sobrevivir en la política.

Ángel Gabilondo de campaña en Leganés.

 

A tanto llegó, que hasta al Rey ha pretendido meter en su ensoñación de ir cazando fascistas por Madrid. Iglesias no tiene nada que perder. Ya lo ha perdido todo. ¿Quién paga la cuenta? El “pagafantas” que le acompañó irresponsablemente. El PSOE es el que va tener que hacer frente al coste de los platos rotos.

Mientras, Íñigo Errejón, que estos días ha comido con media España, ha ido surfeando inteligentemente las emboscadas que le tendía su viejo amigo. Lo conoce muy bien. Más Madrid crece con una candidata, Mónica García, a quien, aun siendo dura, se la ve auténtica.

La educación de nuestros hijos, en riesgo

El “bloque de izquierda” se presenta a las elecciones con un mensaje nítido en Educación: si ganan, el Gobierno de la Puerta del Sol, con Pablo Iglesias de “masca”, acabaría con la educación concertada. Un peligro para los padres que apuestan por este tipo de enseñanza para sus hijos. Las cifras son incontestables: uno de cada tres alumnos en Madrid va a centros concertados. No me cansaré nunca de decirlo: la libertad hay que defenderla cada día. Y en democracia se defiende, sobre todo, votando con responsabilidad..

El voto por correo, en tela de juicio

Desde que se instauró la democracia, jamás en España se había puesto en duda la limpieza de las votaciones. Hasta en esto nuestra Transición fue ejemplar. Pero parece que el Gobierno de Pedro Sánchez contamina todo lo que toca.

Ahora aparecen denuncias de irregularidades sobre el voto por correo. Son muchos los ciudadanos que han acudido a las oficinas postales para hacer cualquier gestión y han visto en su ticket el apunte “voto emitido”. Alarma. Hay que dar las máximas explicaciones y rápidamente. No puede quedar ningún resquicio que permita discutir la limpieza electoral.

Con todo, entramos en el meollo del problema. Cuando un Gobierno ha manoseado todas las instituciones del Estado para ponerlas al servicio partidista de Sánchez, desde la televisión pública a los jueces, desde el CIS a los datos oficiales de la pandemia para echárselos encima a sus rivales políticos, se pierde toda la credibilidad. La desconfianza lo impregna todo.

Si, además, de director de Correos colocas a Juan Manuel Serrano, alguien sin experiencia alguna en el sector pero cuyo mérito es haber sido precisamente jefe de gabinete del presidente del Gobierno, a muchos cualquier cosa les escama todavía más.