23 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Los contagios antes de Navidad ya estaban en niveles de marzo

El Gobierno conocía el "subidón" de contagios cuando desechó frenar la Navidad

Sanidad conoce desde hace días la cifra que demuestra que la tercera ola ya había llegado y equipara la situación de contagios con la padecida a finales de marzo.

| Javier Rodríguez España

Un dato lo dice todo de cuál es la situación real de España. Y el Ministerio de Sanidad, que hace apenas dos semanas dejaba a las Comunidades que decidieran a su antojo y presentaba por todo lo alto la llegada de la vacuna, lo conoce perfectamente: la tasa de reproducción del coronavirus es, desde hace días, la misma que asoló el país en los últimos días de marzo.

Y lo era ya el 16 de diciembre, antes de la Navidad, pese a lo cual no se adoptaron medidas restrictivas y se alimentó una tercera ola ya desatada: en las últimas horas se han confirmado 245 muertos más y 42.000 contagiados nuevos, para elevar las cifras globales a dos millones de infectados y cerca de 80.000 fallecidos desde el comienzo de la pandemia en marzo.

 

Una vez más, al Gobierno no le faltó información para frenar la mayor movilidad navideña, pero decidió no intervenir más allá de las decisiones autonómicas: justo una semana antes de la Nochebuena, el Ministerio de Sanidad fue consciente de que  el "número de reproducción básico instantáneo" o Rt  (los contagios que provoca cada infectado) se había disparado hasta el 0.97, un valor que se registró por ejemplo el 24 de marzo.

El baremo, crucial para medir la posibilidad de contagio comunitario, se situó antes de la Pascua a la altura de alguno de los peores momento de la pandemia, según el registro del propio Ministerio de Sanidad consultado y analizado por ESdiario que ahora, en tiempo real, se ha desatado del todo hasta llegar al 1.06.

 

 

Ese mismo día de diciembre, además, Sanidad contabilizó 10.252 nuevos contagios, en una curva ascendente desde entonces que ahora eleva la cifra cuatro veces más y confirma, sin la menor duda, que España está sumida en una tercera ola, un nombre más popular que científico pues, en realidad, nunca se ha salido de la primera salvo en los discursos políticos.

Ya pasó en verano

No son nuevos ni los retrasos ni los "olvidos". Si en marzo el Gobierno ignoró la decena de avisos internacionales de lo que se venía encima, firmados por la OMS, la Unión Europea o la Organización Médica Colegial; en verano se reprodujo esa misma actitud.

Ocurrió el 4 de julio, en La Coruña, cuando un entusiasmado Pedro Sánchez dio por vencido al virus y animó a recuperar la normalidad. Ese mismo día, según los datos recabados por ESdiario, ya se había registrado  el doble de contagios que apenas dos semanas antes y la curva comenzó a subir de manera incesante y anormal mientras el Gobierno sacaba pecho y preparaba su largo periodo vacacional, con una estampida de ministros que parecía reflejar, como pocas cosas, el final del martirio de la epidemia.

 

 

En realidad, cuando Sánchez despidió julio entre aplausos y cogió el Falcon para irse al palacio regalado por Hussein de Jordania a Juan Carlos I, la transmisión ya estaba disparada y el Ministerio de Sanidad lo sabía: tenía todos los datos, y eran ya demoledores.

En concreto, los casos computados a 5 de agosto, cuando el presidente se marchó sin ningún problema a las Canarias, eran de 4.000 contagios diarios. Diez veces más que cuando compareció en La Coruña animando a todo el mundo a darse una alegría. Desde entonces, no ha habido tregua nunca, en realidad, y la tercera ola en marcha es cualquier cosa menos una sorpresa: los propios datos del Ministerio de Sanidad lo atestiguan.