15 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El PP confía en la "vieja guardia" socialista para reconducir la situación.

Rajoy teme las "cenizas" de Sánchez y se encomienda a los cascos azules del PSOE

Al PP solo le salvará un tercer desafío electoral en el que no quieren ni pensar sus desleales aliados de Ciudadanos que elección tras elección se acercan más al suelo que al cielo.

| Carlos Dávila España

El PSOE ya se ha cargado el PSOE; su próxima víctima es la estabilidad general de España. A partir de este lunes, el Palacio de la Zarzuela, parecía en disposición de volver a empezar como un Garci cualquiera. El plan era la convocatoria de la enésima ronda de consultas porque ya estamos a escasos veinticinco días de otra firma real histórica: la disolución de las Cortes y la nueva, la tercera en un año, llamada  a las urnas. El plan tiene los mismos visos de cumplirse que los que pudiera tener el obeso Echanove con la recién divorciada Angelina Jolie.

El Partido Popular, conforme en principio con los designios de Felipe VI, está sufriendo los avatares homicidas del PSOE casi en carne propia. “Para nosotros, cualquier salida que tomen es mala”. Un participante en los renovados “maitines” de los lunes, se cuida muy mucho de expresarse así en público. En el PP temen, casi tanto como a Sánchez, al grupo de sus dicharacheros, los que ven de lejos un micrófono y se lanzan a él como si se tratara de una alcachofa de Tudela. Rajoy sospecha que su amigo, que lo es, Margallo, se ha comido los puños en Israel por no hablar, y que otros como los vicesecretarios más locuaces, Maroto que está encantado tras los resultados de Vitoria, puedan o ironizar con los males ajenos o sencillamente, arrear un zurriagazo a este PSOE tronchado que como esas vacas flacas, escuálidas, dan más pena que leche.

Por ahora, todos han callado, pero esta semana se les va a exigir que hablen porque comienza el descuento y además, la ruptura del PSOE no aleja el fantasma, el horror de un Frente Popular próximo. Antes bien, lo acerca. Ese buitre carroñero que pintan los memes en Internet, Pablo Iglesias, se lo está pasando chupi por dos razones: primera, porque externamente, aún con sus divisiones internas, ya ha superado en credibilidad dentro de la izquierda agreste, montaraz, a su congénere de ideas Pedro Sánchez y, segunda, porque con este panorama de gritos, insultos, y poco menos que tortazos en el PSOE, Errejón y su cuadrilla de púberes enrabietados, no están en condiciones ahora mismo de discutirle la primogenitura de Podemos.

Además –me lo dice un antiguo socio de estos soviéticos- cree incluso que puede llegar al Gobierno en el País Vasco, una vez que el los residuos que queden del PSOE ya no puedan pactar, ni por aritmética, ni por jerarquía, con Urkullu, y los peneuvistas se resistan a aceptar como compañeros de Parlamento al PP que no tiene la menor intención de aceptar las exigencias soberanistas de los biznietos o tataranietos de Sabino Arana.

O sea que, o sea que todos en España, tenemos un problema. Y este hay que definirlo así: se nos disuelve entera la obra de la Transición. Los periodistas que hacen guardia junto al sol abrasador de Ferraz, han relatado cómo auténticas alimañas disfrazadas de militantes del PSOE, gritaban desaforadamente contra Felipe González al que le deben veinte años de poder omnímodo sólo por denunciar que el bello Sánchez le había engañado como a un chino, lo mismo, por cierto, que viene asegurado Rubalcaba durante toda esta trágica semana socialista.

Pues bien: en estas condiciones, ¿a quien va a llamar el Rey? El que vaya tiene la enemiga del cincuenta por ciento de sus representados y éste además sabrá que un hipotético Gobierno de Rajoy en minoría ni aprobará los Presupuestos, ni la ley más alicorta que se le ocurra al más prudente de sus ministros. La izquierda en definitiva sabe que ésta es la suya, que este es el momento de enviar a la odiada derecha a las catacumbas, rodeada de los leones más cruentos. Al PP solo le salvará un tercer desafío electoral en el que no quieren ni pensar sus desleales y circunstanciales aliados de Ciudadanos que, día a día, elección tras elección, se acercan más al suelo que al cielo.

En estas circunstancias todo está en peligro; del Rey abajo, todos. Cada crónica de un corresponsal extranjero es una invitación a que los inversores saquen sus euros de España porque esto, lo ha escrito un periodista alemán, “es peor que Portugal y Grecia juntos”. En el fondo, quizá, lo mejor es que se instalara definitivamente el caos y que llegado el momento de votar en el Parlamento, los desafectos de Sánchez, se pronunciaran por la abstención.

Hay otra solución que es la que deberían protagonizar los veteranos de la ruta socialista a los que Rubalcaba suele llamar “cascos azules”, o sea, él mismo, González, Almunia, Solana, Ibarra y hasta Zapatero, tumbaran el bunker de Sánchez en Ferraz y bramarán un “¡hasta aquí hemos llegado!” y los púberes, numantinos y asaltafarolas, se pusieran en primer tiempo de saludo. Pero eso no va a ocurrir. La izquierda de Sánchez, ya está tan irritada que no tiene empacho en facilitar el Frente Popular de Iglesias. A eso parecemos abocados.