| 08 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez, sonriente, a su llegada a la comparecencia del cierre del curso político.
Pedro Sánchez, sonriente, a su llegada a la comparecencia del cierre del curso político.

La tormenta perfecta de la economía arruina el "truco de la corbata" de Sánchez

El IPC se dispara de nuevo. EEUU entra en recesión y los tipos suben. Y el acto de autohomenaje de Moncloa para clausurar el curso ha quedado en papel mojado.

| Javier Ruiz de Vergara España

La orquesta de La Moncloa sigue tocando mientras España se asoma a un nuevo titánic económico, político y, lo que puede ser más inquietante, incluso social. Pedro Sánchez ha hecho este viernes balance de su gestión en 2022, sin autocrítica alguna y "sin corbata", impotente a la tormenta perfecta que sacude al mundo entero y endosando todos los problemas estructurales que corroen al país a los demás. Y a los banqueros, el nuevo enemigo público del sanchismo.

Sin embargo, los hechos son tozudos y como las imágenes, los datos valen más que mil palabras. Millones de españoles huyen del asfalto este viernes en busca de un respiro que les haga olvidar momentáneamente el invierno que está por llegar, pero la cruda realidad ha arruinado la comparecencia propagandística del líder del PSOE a la misma hora que los datos del IPC veían la luz.

La conclusión: todo sigue igual de mal sin perspectivas de mejorar. Los precios se siguen disparando aún más. Hay que añadir a ello la subida de los tipos de interés y la entrada de Estados Unidos en recesión.

 

Sánchez ha convertido el balance de la situación de España en su propio "posado veraniego".

 

A pesar de todo, lejos de presentar un plan integral consensuado, fiable y aplicable desde ya, Sánchez ha clausurado el curso político con un más de lo mismo.

Se ufana de sus parches, que según la mayoría de los expertos parecen "aspirinas para una leucemia", defiende la buena salud de un gobierno escasamente operativo dado su tamaño y en cisma permanente, se ha abonado al populismo efectista de Podemos y ha rechazado desde Moncloa, una vez más, la mano tendida del PP para que España recorra unida y con mayor fortaleza el terrible trimestre que se echará encima mucho antes de lo que se cree.

El gráfico de la inflación en España provoca escalofríos mientras Sánchez sonríe y se quita la corbata.

 

Este más de lo mismo ni siquiera ha convencido a buena parte del propio PSOE. Barones y alcaldes que si se ven obligados a pisar la calle sin la burbuja de escoltas y aplaudidores que protege al presidente, son más que consciente que el balance de este viernes se ha convertido en papel mojado a la misma hora que se han pagado las luces de la sala de conferencias de prensa del Palacio de la Moncloa.

“Estamos poniendo tiritas donde hace falta meter el bisturí”, resume gráficamente a ESdiario un antiguo alto cargo del área económica del Gobierno. Un bisturí que buena parte del PSOE visualiza en un ERE en el Consejo de Ministros, su reducción radical y el nombramiento de no más de 10 ministros con experiencia, vuelo y la independencia suficiente para coger el toro por los cuernos.

 

Nada de eso ha anunciado Sánchez este viernes. No estaba previsto. Aunque varios socialistas consultados por este diario no descartan que la revolución en el gabinete llegue en septiembre en forma de nuevo golpe de efecto mediático.

Aunque el pesimismo cunde porque los intereses particulares del presidente y sus ataduras con Podemos, ERC y Bildu lo impiden. Sánchez ha sacado pecho, ha cumplido con el expediente y se ha montado en el Falcon rumbo a los Balcanes. Después marchará rumbo al gratis total de Doñana y La Mareta. Aunque toda España sabe que lo peor está por llegar.