| 06 de Febrero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Investigación Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Sostenibilidad ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía Suscribirse
Yolanda Díaz, Isabel Rodríguez, y Teresa Ribera, durante la rueda de prensa del último Consejo de Ministros
Yolanda Díaz, Isabel Rodríguez, y Teresa Ribera, durante la rueda de prensa del último Consejo de Ministros

Malversadores y agresores aplauden a un Sánchez y afines que no paran de mentir

La portavoz del Gobierno cae en el ridículo al defender lo indefendible: que la ley del solo sí es sí protege a las mujeres y que la rebaja de la malversación castiga a los corruptos.

| Benjamín López España

Si ahora mismo hay un oficio que no está pagado en España es el de portavoz del Gobierno de Sánchez. ¡Qué se lo digan a Isabel Rodríguez! Cada martes comparece ante los medios de comunicación desde la sala de prensa de la Moncloa para tratar de defender lo indefendible. Y, claro, lo normal es rozar el ridículo o, en ocasiones, caer de lleno en él. 

Eso último es lo que ha ocurrido esta semana. Hasta cuatro veces le hicieron la misma doble pregunta a la portavoz. ¿Va a retocar el Gobierno la ley del solo sí es sí para evitar que los agresores sexuales sigan beneficiándose de rebaja de condenas? Y, ¿cree que la reforma del delito de malversación que entra en vigor el jueves va a provocar el mismo efecto, que los algunos corruptos obtengan rebaja en sus penas?

Sólo le salvaría decir la verdad y reconocer que la ley del solo sí es sí no se va a modificar porque el presidente no quiere y no puede. Y que la reforma del delito de malversación está pensada para que los separatistas del procés vean reducida al mínimo su pena

 

Tres veces se fue por las ramas Isabel Rodríguez y la cuarta fue el colmo del surrealismo. 34 eternos segundos discurrieron en sepulcral silencio desde que el periodista Fernando Garea formuló su pregunta y la portavoz empezó a contestarla. 34 segundos en los que garabateó algo en un papel, a modo de coartada para no responder, mientras pensaba qué responder. 

Y es que es muy difícil no hacer el ridículo en esas circunstancias. Sólo le salvaría decir la verdad, arrojar a Sánchez a los pies de los caballos y reconocer que la ley del solo sí es sí no se va a modificar porque el presidente no quiere y, sobre todo, no puede. Y que la reforma del delito de malversación está pensada para que los separatistas del procés vean reducida al mínimo su pena, es decir para lo que va a ocurrir, que los corruptos reciban rebajas en sus condenas. 

Pedirle eso a Isabel Rodríguez es irreal. No lo va a hacer nunca. Así que su única opción es taparse la nariz y sumergirse de golpe en el ridículo. Y a buena fe que lo hizo. Su contestación tras la pausa de 34 segundos interminables -tic tac, tic tac, tic tac- fue un auténtico esperpento. Afirmó, escuchen bien y no se rían, que la voluntad del Gobierno con la ley del solo sí es sí es proteger mejor a las mujeres. Y que la reforma del delito de malversación se había llevado a cabo para perseguir mejor la corrupción. 

Y no se puso colorada. Es verdad que tampoco sonrió, que es algo que hace con mucha frecuencia esta portavoz, pero no se puso colorada. Ya tiene callo. Son muchos Consejos de Ministros mintiendo para defender lo indefendible. Y lo indefendible es decir que se protege a las mujeres cuando ya 140 delincuentes sexuales han visto cómo se les rebajaba su pena e incluso algunos han salido de prisión. Lo indefendible también es afirmar que se persigue la corrupción rebajando el delito de malversación. En poco tiempo, muy poco, veremos titulares escandalosos de corruptos beneficiados por esta ley. 

Incapaz de reaccionar

Muchos pagaríamos bastante por meternos en la cabeza de Rodríguez durante esos 34 segundos que parecieron 34 días ¿Qué estaría pensando? A lo mejor nada. Quizás su mente estaba en blanco, que es lo que sucede cuando entras en pánico o lo bordeas, incapaz de reaccionar. No lo descartemos. También es probable que se acordara de su nómina para sopesar muy rápido si de verdad le compensa pasar estos malos ratos. O es posible que simplemente estuviera tratando de recordar el argumentario antes de vomitarlo sobre los anonadados periodistas allí presentes.

Sea como fuere lo que está claro es que no está pagado eso de ser la portavoz del Gobierno de Sánchez.