| 15 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Yolanda Díaz y Ione Belarra en la mesa de la sala de prensa de La Moncloa.
Yolanda Díaz y Ione Belarra en la mesa de la sala de prensa de La Moncloa.

Belarra vuelve a las andadas de Iglesias y abre el primer cisma con Yolanda Díaz

La embestida de la secretaria general contra la Monarquía sabotea el plan de la futura candidata de abrir el partido y hacerlo más amable. No son pocos los que auguran lío interno creciente.

| Antonio Martín Beaumont España

Hace tres meses que Isabel Díaz Ayuso le “cortó la coleta” a Pablo Iglesias. Y, según avanzan las fechas, cada vez más voces desconcertadas traspasan los muros morados. Hacía tiempo que el “relato” no les cuadraba en Unidas Podemos. Ahora, tras la retirada de su antiguo líder, las cosas no mejoran. El tridente formado por Ione Belarra, Yolanda Díaz y una hiperactiva Irene Montero no termina de asentarse. Tampoco convence.

No es normal que unas siglas que acaban de renovar su cúpula sigan pareciendo igual de “viejas” y “antipáticas” que antes. Más aún tras la operación a corazón abierto que Pedro Sánchez hizo en el ala socialista de su Consejo de Ministros. Algunos llegan a asegurar que uno de los objetivos del presidente con su remodelación del Gabinete fue colgar a los cinco ministros coaligados al PSOE las etiquetas de “gastados” y “radicales”.

No es normal que unas siglas que acaban de renovar su cúpula sigan pareciendo igual de “viejas” y “antipáticas” que antes

Lo cierto es que, noventa días después de la abrupta dimisión de Iglesias tras la debacle electoral de la izquierda madrileña, la nueva jefa de Podemos -sea quien sea- afronta un delicado dilema. Porque la estrategia y el proyecto de Belarra y los de la flamante vicepresidenta segunda Díaz no solo parecen distintos sino que desprenden aromas contradictorios.

La secretaria general de Podemos fue designada para mantener intactas la esencias del partido, un espacio oligárquico acostumbrado a enseñar la puerta de salida al discrepante. De ahí que Ione Belarra haya mantenido en puestos clave a los mismos ejecutores que tenía Pablo Iglesias: Pablo Echenique, Rafa Mayoral, Isa Serra o Nacho Álvarez.

Yolanda Díaz ha ido mostrando actitudes bien distintas. La designada por Iglesias como cartel electoral de Unidas Podemos desea alejarse de las prácticas de un partido blindado, vociferante y cargado de sectarismo, para acudir “a un punto del encuentro” más amplio a la siniestra del PSOE.

Es decir, tejer complicidades y buscar alianzas con los Comunes de Ada Colau y el Compromís de Mónica Oltra, pero también con los partidos madrileño y andaluz de Íñigo Errejón y Teresa Rodríguez, dos de los purgados por ese pablismo que copa aún los despachos principales morados.

 

Belarra y Díaz, dos "gallos" en el "corral" de la sucesión de Pablo Iglesias en Podemos.

 

Si algo dicen la tradición y la experiencia política española es que, salvo en el caso del PNV, la cohabitación en el liderazgo entre el candidato y el jefe del partido está destinada no solo al fracaso electoral sino también a la escisión interna.

Pues bien, quienes mejor conocen el “percal podemita” no conceden demasiado recorrido a Yolanda Díaz. Dudan incluso de que vaya a ser la candidata en 2023. De hecho, anticipan que tirará la toalla si no logra imponer su idea confluyente ni el equipo que la acompañe para regenerar el partido que fuera el primer símbolo de la “nueva política” para convertirse luego en un espacio donde priman los males de la vieja política que tanto criticó.

En las últimas semanas, la sucesora de Iglesias al frente de la estructura del partido ha tratado de sacar la cabeza manteniendo vivas algunas de las batallas que tiene con el PSOE y que libró su exlíder. Pero, como es evidente, Ione Belarra no es Pablo Iglesias. Ni tiene su proyección pública ni su capacidad de intimidar a Pedro Sánchez. Además, Carmen Calvo y José Luis Ábalos, dos de los “enemigos” favoritos de Podemos, ya ni siquiera están en sus cargos de ministros.

Mientras, Yolanda Díaz, por ahora en tierra de nadie, tiene pendiente mostrar dónde está su sitio. ¿Tendrá capacidad la candidata in pectore de UP y le concederán legitimidad los suyos? Desde luego, lo que no puede es continuar de paseo por los cursos de verano coqueteando con la irrelevancia política.