| 27 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Iglesias abandonando la Cadena SER.
Iglesias abandonando la Cadena SER.

De Zapatero a Iglesias, de Gabilondo a Gabilondo: la izquierda sobreactuada

Una izquierda desmovilizada trata de llevar a votar a su gente, aunque sea con la nariz tapada. A Iglesias la polarización le puede salir rentable. A los partidos moderados, no.

| Antonio Martín Beaumont España

¿Recuerdan cuando José Luis Rodríguez Zapatero, entrevistado por Gabilondo, el otro, el periodista, Iñaki, fue “pillado” por una cámara indiscreta diciendo: “Creo que nos conviene que haya tensión”? Corría el año 2008 y el entonces presidente del Gobierno estaba de campaña electoral que libraba contra Mariano Rajoy.

Pues bien, han pasado 21 años, pero la estrategia de la tensión sigue intacta. Y muy presente en la izquierda. En realidad ya la puso en marcha Alfonso Guerra años antes, en 1996, cuando el PSOE de Felipe González se veía arrinconado contra el PP de José Maria Aznar y se sacó aquel anuncio donde dos perros dóberman daban miedo para representar al centro derecha que llegaba al poder.

Lo ocurrido en el debate este viernes en la SER entre Pablo Iglesias y Rocío Monasterio suena más a eso que a otra cosa. También a quitarse de en medio el debate del lunes en La Sexta, que el líder morado no quería hacer de ninguna de las maneras. Ahora Ana Pastor y Antonio García Ferreras han entrado en el club de los odiados por Iglesias. 

 

Una izquierda desmovilizada trata de llevar a votar a su gente, aunque sea con la nariz tapada después de haber visto a Pedro Sánchez abrazarse hasta con los herederos de ETA y gobernar con el apoyo de los secesionistas y la ultraizquierda populista de Podemos. “Hay que frenar al fascismo”, dicen. Se trata de remover las vísceras.

A Iglesias esa polarización puede serle rentable. A Ángel Gabilondo, esta vez hablo del político, no. Aunque ahora las líneas diseñadas en La Moncloa apuesten más por hacer una campaña para favorecer al “bloque progresista” en conjunto, aunque se lleve por delante las siglas socialistas.

La tensión, lógicamente perjudica a los partidos moderados. Por eso no va a beneficiar a Isabel Díaz Ayuso en la fase final de la campaña. ¿El antídoto? La imagen institucional de la presidenta. Me imagino que Miguel Ángel Rodríguez y demás equipo de la presidenta ya estará pensando cómo contraatacar el ardid puesto en marcha.

El carísimo CIS de Tezanos

Pedro Sánchez ama las encuestas del CIS. Él siempre gana. Y al “resistente” socialista los laureles de la victoria le sientan muy bien en la frente. Pedro el Grande.

Además, aunque se las crea lo justo -porque los cientos de “iniciados” sociológicos que pululan por el equipo de Iván Redondo llevan sus propias cuentas-, sabe que José Félix Tezanos se las cocina a fuego lento para que dejen en el paladar de los votantes el gusto preferido de La Moncloa. El que más interesa en cada momento.

Tan interesantes le parecen al presidente del Gobierno los sondeos del centro público demoscópico, que de los cuatro que tradicionalmente se venían publicando cada año se ha pasado a 11, uno por mes. Eso sí, dejando agosto libre para tomarse “sagradas vacaciones”. Una pasta, oigan. ¿Y qué más da, si se pagan con pólvora del Rey?

La llegada del militante socialista Tezanos a la dirección de Centro de Investigaciones Sociológicas ha sido, como se está viendo, la mejor manera de poner una institución pública, pagada con dinero de todos, al servicio del interés del PSOE, pero, sobre todo, de Sánchez. El jefe es el que tiene todo el poder. Y Tezanos, de la vieja guardia socialista, es un avanzado aprendiz de Alfonso Guerra y de “quien se mueve no sale en la foto”.

No es poco, ya digo, lo que gasta el CIS. En 2021, algunas fuentes cifran el coste de estas “campañas publicitarias” en 2,6 millones.

Ya sabe: con el dinero de usted, con el de todos, el amigo del presidente le allana el camino electoral a Pedro Sánchez. Donde pisa el sanchismo no vuelve a crecer la hierba. Otra institución del Estado “tomada” para arrebatársela a los españoles y ponerla al servicio del interés partidista. Lógicamente, el CIS ha perdido ya toda su credibilidad. Pero, no cabe duda, los carteles electorales que publica cada mes son muy vistosos y dan mucho que hablar. En propaganda La Moncloa sabe hasta chino.

En taxi y con estos pelos

No me digan que lo de Pablo Iglesias, llegando en taxi al debate televisivo para luego, una vez lanzada la noticia y la correspondiente foto por las redes, salir en coche oficial, no es un reflejo de la trayectoria del líder morado. Es la viva imagen de su comportamiento en política. Casi, casi como lo del estilista echándole laca al moño en la interrupción. Para mondarse de risa.

 

Llegó para regenerar la “impúdica” vida pública. Vino a salvar a los humildes de esos “poderosos” que se habían apartado de “la gente” a fuerza de pisar moqueta y ver las calles desde la ventanilla del coche oficial. Agua pura de mayo para la democracia, llevada en andas por las televisiones hasta los altares tras su sentada en Sol del 15-M. Era el “enfant terrible” que todo el mundo deseaba tener en el plató.

Su gran legitimidad consistía en que predicaba con el ejemplo. Hacía gala de pobreza franciscana y deseaba que en las formaciones políticas las decisiones se tomasen de abajo arriba.

Pero un día aquello se truncó. O igual todo fue desde el principio una serie –de esas que tanto le gustan al hasta hace unos día vicepresidente del Gobierno-. ¡Vaya usted a saber!

A la primera de cambio, de su idea primigenia de dejar que fueran los “círculos” quienes tomasen las decisiones de Podemos pasó a fusilar al amanecer a todo compañero que osara no tener sus mismas ideas. La lista de los “amigos” a quienes se llevó al paredón, acusados de “alta traición”, es inacabable. Desde Íñigo Errejón hasta Tania Sánchez, dos de sus personas más cercanas y que dieron su vida por él, hasta el simpatiquísimo Luis Alegre, pasando por Carolina Bescansa, Carlos Jiménez Villarejo, Ramón Espinar, Rita Maestre, Clara Serra, Lorena Ruiz Huerta. Ya digo, un suma y sigue interminable que llegó hasta despacharse incluso al “santo y seña” del Madrid “progresista”, Manuela Carmena.

Se piensa como se vive. Eso decía Iglesias, al menos hace unos años. Cuando todavía no había “asaltado el cielo”. Luego pasó del humilde piso en Vallecas a un pedazo de chalet en Galapagar, y de atacar a las “castas” burguesas a ser el ejemplo de “nuevo rico” a quien lo único que preocupa es que sus vecinos son unos “horteras molestos”. De no sobrepasar al mes el triple del sueldo mínimo, para vivir igual que la mayoría de españoles, a declarar, porque le obligan, que tiene una “fortunita” de más de 600.000 euros. Y eso ha pasado en sólo cinco años.

El Gran Timonel es un ejemplo de superación. Además, todo lo hace muy deprisa. Claro. De ahí que a nadie deba sorprender que llegase en transporte público y, después de dos horas en televisión, ya le hubiese dado lo suficiente para tener en la puerta coche y chófer oficial esperándole.