| 04 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Los 9 diputados de Cs celebrando la aprobación de la reforma laboral de Sánchez y Díaz.
Los 9 diputados de Cs celebrando la aprobación de la reforma laboral de Sánchez y Díaz.

El hervidero de Cs en el ultimatum a Arrimadas: "Ha quedado como la pagafantas"

A cinco días del examen definitivo en las urnas de Castilla y León y tras su "papelón" en la aprobación de la reforma laboral del Gobierno, en el partido naranja se afilan los cuchillos.

| Antonio Martín Beaumont España

La esperpéntica luz verde a la reforma laboral en el Congreso de los Diputados no ha sido un buen negocio para Inés Arrimadas. Una pena, no le sale una a derechas. Al revés, su sed de notoriedad ha colocado a sus siglas como colaborador imprescindible en una convalidación oscura marcada por tejemanejes de imposible consumo democrático.

El efecto bumerán, sin duda inesperado, aleja a la lideresa naranja de cualquier posibilidad de presentarse como una suerte de referente regeneradora desde el centro. Los riesgos de dar la mano a Pedro Sánchez son enormes. Como me dice un exdiputado de Cs. “Ha quedado como la pagafantas”.

Arrimadas ha sido la ingenua necesitada de un minuto de gloria que se prestó a posar en la instantánea tramposa. Pero ni eso le salió bien.

En realidad, poniéndole la alfombra roja a la contrarreforma laboral, a Arrimadas le ha salido el tiro por la culata, como suele decirse. La foto de la votación, con el PP echado en brazos de Vox mientras ella ensanchaba su espacio vendiendo a bombo y platillo su sentido de Estado ante un acuerdo de los agentes sociales con el Gobierno, se le ha desenfocado.

Los tanteos del ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, con el portavoz del grupo parlamentario, Edmundo Bal, inyectaron en ella el ánimo de ser vista como una política capaz de mover el tablero. De hecho, justificó su nuevo abrazo a Sánchez como una manera de sacarle de la sombra de sus socios prioritarios.

 

Arrimadas se juega el sí o sí de Cs en Castilla y León este domingo. De la mano de su principal adversario.

 

“Hoy pierde Bildu, hoy pierde ERC y hoy pierde el sectarismo que quería hacer de nuestro país uno mucho peor para la contratación laboral”, defendió desde la tribuna de oradores el pasado jueves la presidenta de Ciudadanos. Ya.

¿De verdad pensó Arrimadas que iba a meter una cuña en el juego de alianzas de Sánchez? “Esto no cambia nada”, explicaban con precipitación a la salida del hemiciclo tanto el propio Bolaños como el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. “La mayoría progresista continúa intacta”, repetían casi al unísono uno y otro.

Los riesgos de dar la mano a Pedro Sánchez son enormes. Como me dice un exdiputado de Cs. “Ha quedado como la pagafantas”.

Frankenstein sigue su camino. Tampoco habría permitido otra cosa el presidente, porque entonces la aritmética no le daría a él para continuar adelante con la Legislatura hasta 2023.

El movimiento estratégico de Inés Arrimadas computaba en el PSOE como algo de escaso recorrido y únicamente al servicio de favorecer circunstancialmente la imagen de moderación de Sánchez días antes de las elecciones en Castilla y León.

 

Arrimadas ha sido la ingenua necesitada de un minuto de gloria que se prestó a posar en la instantánea tramposa. Pero ni eso le salió bien. La barrabasada de la presidenta de la cámara baja, Meritxell Batet, con el diputado del PP, Alberto Casero se lo llevó todo por delante.